Ya estoy aquí
Nací cuando los motoristas recogían los artículos de los columnistas: aquello era la dictadura de Franco, el frío intenso del aislamiento internacional y la dura educación autoritaria. Los periódicos estaban censurados.
Más tarde me enteré de que existía el télex. Había que ir a la central de correos, muy temprano por la mañana, para que teclearan los artículos. El fax fue la innovación absoluta: una fotocopia entregada instantáneamente en la distancia. Y por fin llegó Internet. Mi generación se ha esforzado mucho por la adaptación a las tecnologías. Todavía nos queda por hacer. Acepto el reto.
Siempre he vivido en la zozobra del entendimiento entre mi propio pensamiento y la línea editorial en donde publicaba mis escritos o vertía mi opinión. Nunca me he sentido prisionero y he estado siempre cerca de la libertad. He pagado un precio con gusto. Pero los límites han estado ahí.
Ahora estreno este blog con la pretensión de que ya no exista la mínima barrera entre mi pensamiento y los lectores que quieran participar de él, rebatirlo, complementarlo o apostillar alguna idea. Aspiro a colaborar modestamente en la transformación de este mundo fracasado. Ahora sin intermediarios.
Me siento bienvenido a un futuro en el que la rebeldía no tendrá otro límite que mi propia capacidad de convencer al mayor número de personas que quieran abrir esta página. En cierto modo, vuelvo a nacer.
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