Saramago para siempre
No puedo cambiar ni mi billete ni mis citas de mi viaje a Buenos Aires. Y siento profundamente no poder viajar a Lisboa para despedirme de José Saramago. Pero casi lo prefiero, excepto por darle un abrazo real a Pilar del Río. Ella y José Saramago son para siempre, lo han sido siempre, ” mucho más que dos”.
Ayer, en Hora 25, disfruté mucho desde la profunda tristeza. Larga evocación sentida de la presencia crítica, siempre inteligente y sencilla, del escritor portugués y español y, sobre todo, universal.
No se me ocurre a nadie comparable. No hay sustituto porque la historia está impregnada, en raras ocasiones, de ejemplares únicos: José Saramago lo es.
Más allá del prolijo e inteligente escritor está el intelectual comprometido; y por encima de los dos, el hombre sensible, generoso, honesto, valiente y provocador.
Me quedo con su recuerdo. Me quedo con su mirada picante y punzante que decía con los ojos, un segundo antes que con la palabra, las cosas más brillantes, sinceras, valientes y comprometidas que se han proclamado en nuestros tiempos. No le deseo que descanse en paz porque quiero que siga trabajando para siempre a través de las semillas que germinarán, aunque sea un poquito, en todos los que le admiramos desde el fondo de nuestra alma. Vive siempre, José. Y no cambies nunca.
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