La bronca y la dignidad de la política.
La dignidad de la política forma parte de su esencia democrática. Empiezo a estar muy preocupado por el clima que existe en España y por la degradación de la vida pública. No existe debate sino confrontación. Pero eso no es nuevo. La velocidad de los acontecimientos hace difícil pararse a reposar sobre la historia reciente de España. Con la llegada de José María Aznar a la política se destruyeron muchas normas de conducta no escritas durante la transición pero que probablemente fue lo que más colaboró a hacerla viable. La degradación está afectando gravemente a la capacidad de independencia de políticos, intelectuales y periodistas. Hoy mismo escribía sobre esto en el plural en donde cada se demuestra la virulencia de los participantes en los foros. Tal vez la decisión de la dirección del digital de no editar los mensajes sirva para ver el nivel de muchos de los que participan.
En todo caso, ya no sirven las ideas y los argumentos sino su utilidad. Y llegados a este punto, escuchar a la mayoría de los políticos es como asistir a la reiteración de una grabación en donde no hay nada que pueda sorprender porque todo es absolutamente previsible. Nunca hay una responsabilidad y cuando se admite retóricamente es para hacerlo con condescendencia insoportable.
Quienes tenemos la oportunidad de participar en los medios de comunicación con nuestras opiniones tenemos la enorme responsabilidad de aportar serenidad al discurso y de trasladar mesura a nuestros lectores o radioyentes. Pero es una posición difícil de mantener porque lo que se pide en los programas de televisión, sobre todo, es sangre y bronca, hasta el punto que siempre tienen más facilidades para ser llamados los más violentes en sus posiciones.