Juan José Cortes (padre de Mari Luz) y la imparcialidad objetiva.
El populismo es un cáncer que amenaza la democracia. Y el PP está dando, continuamente, señales de estar preso de un furibundo populismo. Si la llamada a la “rebelión” contra el IVA de Esperanza Aguirre había puesto el listón alto, todavía queda margen para la sorpresa. Javier Arenas ha fichado al padre de la niña Mari Luz, asesinada alevosamente, para asesorar al Partido Popular en el proceso de reforma del código penal. Ni una sola palabra de reproche para el padre destrozado por el dolor de la pérdida de una hija pequeña. Y todos los reproches del mundo para quien quiere utilizar ese dolor concentrado en un supuesto asesoramiento que sólo puede ser entendido como un brindis demagógico a la opinión pública agitada por el dolor y la ignominia de ese tipo de crímenes. Si ayer fue el debate sobre la cadena perpetua, introducir en ese mundo legislativo a un padre arrinconado por el dolor es un ejercicio de desmesura, de irresponsabilidad y de populismo trasnochado. La imparcialidad objetiva, que es un concepto jurídico aplicable directamente a los jueces y fiscales que entienden un proceso penal, debiera aplicarse también a los actos tendentes a modificar la tipificación de los delitos y las penas, alejando de la labor legislativa y de asesoramiento a quienes las circunstancias de la vida han marcado personalmente con las conductas cuyos castigos quieren modificar. Es tan de sentido común que parece imposible que esto no lo entienda el señor Arenas. Lo entiende demasiado bien.
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