En La Habana, la ciudad de los rumores
No hay otra ciudad donde sea tan fácil que una cosa pueda ser también la contraria. El rumor es la canalización de la esperanza por senderos tortuosos en la ciudad de La Habana. Ahora, una vez que el comandante en jefe se ha puesto de nuevo el uniforme verde oliva, los silencios de Raúl Castro en los actos centrales del aniversario del 26 de julio –fecha del fallido asalta al cuartel Moncada de Santiago de Cuba- tienen interpretaciones múltiples. La más común, a la vista de que la palabra le fue cedida a Machado Ventura -que pasa por ser de los más duros ultraortodoxos del sistema- es que Raúl no quier decir lo que no quiere hacer. Pero es esa una interpretación bondadosa en quienes quieren conciliar la liberación y el traslado a España de algunos presos cubanos con noticias de cambios estructurales en la economía socialista. Por cierto, las manifestaciones de los presos llegados a España sólo pueden ser tratadas con misericordia por su condición de expresos, pero revelan una frivolidad en su agradecimiento a las gestiones de la Iglesia cubana y de España difíciles de digerir. Suenan sencillamente a ingratitud y a falta de sentido de la solidaridad con los que se quedaron atrás y todavía pueden venir.
Veinticuatro horas en cuba es sólo un segundo para tratar de escrutar en los misterios de la isla; todo lo que se diga tiene que ser provisional porque los acontecimientos pueden desacreditar cualquier pronostico. Lo cierto es que las tiendas están escasas de mercadería, los precios imposibles y la libreta de abastecimiento se está volviendo huera. La tristeza ambiental es difícil de detectar porque la música siempre está demasiado fuerte; pero sin duda tantos años de socialismo contra las corrientes dominantes están produciendo cansancio. Ahora Fidel Castro, en sus reflexiones, tiene cosas ciertas con las que tejer la continuidad del socialismo: la gran crisis del mundo capitalista y sus recortes del estado del bienestar y la amenaza de una nueva guerra nuclear en la que en cuarenta y ocho horas podría desaparecer Irán. Solo le falta, para que su discurso encuentre más seguidores, que la producción se dispare en la isla del Caribe y haya frijoles abundantes para todos.
No hay muchos especialistas en los entresijos del poder cubano; ocurre como con las mamparas de Titanic, sólo que estas, las que protegen la seguridad y los secretos en Cuba, todavía no han sufrido un encontronazo con un iceberg capaz de desquebrajarlas. La revolución cubana tiene acreditado el título de la posición más tozuda en la historia de la humanidad y pasan los años, se suceden los presidentes en Estados Unidos y la obstinación del establishment se manifiesta cada día con mayor determinación.
La rumorología señala grandes cambios para el próximo año: según esta interpretación, la terrible falta de liquidez en la profundidad de la crisis económica que hace que muchos proveedores hayan suspendido sus envíos por falta de cobro, obedecería a las acumulaciones de capital para realizar el añorado cambio de moneda, dejando la divisa fuera del sistema cubano y revalorizando un peso que tenga ajuste de cambio en el mercado de divisas. Parece demasiado para tan poco plazo. Lo cierto es que la crisis es profunda y terrible y la falta de abastecimiento notable. Pero esto sólo es una aproximación cuya vigencia es desde luego transitoria.
(Este artículo también puede consultarse en el plural.com)
12 Comentarios
Añada su comentario