El comienzo del fin de la impunidad de Israel
George Steiner , uno de los más lúcidos intelectuales de la segunda mitad del siglo XX, desde su condición de judío e hijo y nieto de judíos ilustrados que tuvieron que emigrar a Estados Unidos para huir de la barbarie nazi, manifestó que no era partidario de constituir el Estado de Israel en el lugar que ocupa porque no estaba dispuesto a hacer las cosas que serían necesarias para defenderlo. Puede que en este momento no haya un intelectual judío con más prestigio y lucidez que Steiner.
También hay una cita espléndida del mismo ensayista y crítico de arte: “Este Estado de Israel torturará otros seres humanos. Deberá hacerlo para sobrevivir. (…) Pero durante veinte siglos, en nuestra debilidad de víctimas, tuvimos la actitud supremamente aristocrática de no torturar a los demás. Este ha sido nuestro gran patrimonio “.
Es cierto que la admiración que siento por el pueblo judío radica fundamentalmente en la capacidad que en la historia han tenido para la vanguardia del pensamiento, para la ciencia, para la filosofía y para la innovación. Y la empatía con las víctimas se está transformando en desprecio por los dirigentes que se han convertido en verdugos.
Su condición de víctimas históricas, con el remate abominable del Holocausto, reunía la condición necesaria para que la admiración se alimentara de una simpatía y predisposición para la defensa de sus intereses y sus derechos históricos. Hoy día todo eso se está evaporando a velocidad de vértigo: el desprecio y el odio hacia Israel se extiende por el mundo sin que pueda ser contrapesado ya por el inmenso aparato de propaganda y por los lobbys económicos que se han instalado en Estados Unidos y tienen sus ramales por todo el planeta.
La desfachatez y el desparpajo de las declaraciones del primer ministro de Israel y del ministro de Defensa felicitando a los soldados que participaron en los crímenes del asalto a la flotilla humanitaria promueven el más absoluto de los desprecio. La mentira de que había armas a bordo y terroristas se cae por su propio peso desde el momento en que las autoridades israelíes no han formulado una sola acusación concreta contra ninguna de las personas detenidas ilegalmente en aguas internacionales y conducidas a la fuerza a territorio israelí para ser acusadas de ¡¡¡¡ “inmigración ilegal”¡¡¡.
Hasta hace poco tiempo, la argumentación de que el Holocausto y la memoria de sus víctimas no daba patente de corso a las autoridades de Tel Aviv provocaba una reacción fulminante del llamado observatorio contra el antisemitismo. Allí hay un catalogo actualizado de todo lo que el estado de Israel considera antisionismo para conseguir la impunidad de sus acciones. Cualquier crítica a las actuaciones del estado de Israel es considerada antisemitismo. Fui uno de los primeros en utilizar ese razonamiento en un artículo titulado “La fecha de caducidad del Holocausto” en el que me refería a los plazos en que la impunidad de Israel se podía sustentar en el sufrimiento de este pueblo a lo largo de la historia, y muy especialmente en el más execrable crimen contra la humanidad que fue el exterminio que programaron y ejecutaron los nazis.
Ahora Israel ha perdido una batalla importante porque esa ecuación entre el rol de víctimas transformados en verdugos está universalizada desde que José Saramago la empleo. Los dirigentes de Israel están nerviosos porque están perdiendo la batalla de la propaganda: ahora la imagen del terrorismo de estado se sobrepone a la descalificación histórica del pueblo palestino por los crímenes y los atentados terroristas de alguna de sus organizaciones.
El bloqueo de Gaza es ilegítimo, ilegal e inhumano. El Papa se ha referido a él, al igual que el primer ministro Inglés David Cámeron. La ola de descalificación de la barbarie Israelí desborda los muros de impunidad que le proporciona Estados Unidos, el Consejo General de la ONU y la memoria dolorosa de Alemania que no tiene libertad para realizar una política que trate a Israel como un estado que tiene que cumplir con sus obligaciones y las normas del derecho internacional.
Son pequeños pasos en la decadencia de este Israel sin respeto a la ley. Y habrá que estar atentos a su tentación de una huída para delante. ¿Quién asegura que quienes son capaces de sacar pecho ante la violación del derecho internacional, el abordaje corsario en aguas internacionales y el asesinato a sangre fría de nueve personas desarmadas no son capaces de un ataque nuclear a Irán?
Estados Unidos, en el supuesto caso de que quisiera, no podría contener un ataque nuclear israelí a Irán. Y esa puede ser la respuesta de un país que se encuentra cómodo enfrentado al mundo al que acusa de hipocresía. Tenemos que estar preparados para lo peor pero tenemos que reanudar nuestra posición crítica a la barbarie de Israel. Ese es un compromiso intelectual ineludible y quien lo soslaye o lo camufle con argumentaciones equidistantes sólo está confesando su cobardía ante la poderosa máquina de Israel o su dependencia de un aparato de propaganda poderoso y formidable.
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