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“Sí estamos locos, no sabemos lo que queremos” (PSOE)

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Siempre me gustó el estribillo de la canción de Ketama: “No estamos locos, sabemos lo que queremos”; pienso, sin embargo, que todas las frases hechas son susceptibles de ser invertidas. El PSOE, su cúpula, acaba de parafrasear a Ketama de forma invertida: “Sí, estamos locos; no sabemos lo que queremos”. Salvo que el suicidio se haya legalizado en política y el resto de los humanos no nos hayamos enterado. Suicidio sin necesidad de asistencia: la comisión ejecutiva va en rumbo de colisión.

 

Vayamos por partes.

 

Primero: el PSOE ha recibido la mayor derrota de su historia: no ha ganado en ninguna comunidad autónoma y sólo podrá gobernar Extremadura con la asistencia de Izquierda Unida en una coalición que sólo suma un diputado más que el PP. Es decir, no se puede poner nadie enfermo en las filas de la izquierda en toda la legislatura, porque ese día perderán la votación.

Se ha perdido en todas las demás comunidades autónomas con pocas probabilidades de una combinación que permita gobernar, con excepción de Aragón, en donde haría falta sumar churras a las merinas.

 

Segundo: el secretario general del PSOE no se ha dado por aludido ante la catástrofe. En su comparencia en la noche electoral ha dado muestras de no haber entendido nada de lo ocurrido.  Ni un atisbo de autocrítica. Su pensamiento más cercano a ese estadio ha sido afirmar que no han sido capaces (el Gobierno) de comunicar a los electores su política de ajustes.

Entre otros aciertos, José Luis Rodríguez Zapatero, como si creyera en el amor político sádico, llamó “bellacos” a quienes osaran afirmar que su gobierno había hecho recortes. Toda la prensa internacional dice que es un presidente amortizado. Nadie se da cuenta de que su soberbia le impide entender que puede cometer errores. Su infalibilidad es mucho más profunda que la pontificia.

 

 

Tercero: hay un movimiento asambleario en la calle que ha gritado pacíficamente durante una semana –hasta el punto de haber devorado la campaña electoral- que hacen falta cambios estructurales en el sistema de partidos, que no se sienten representados por esta institucionalidad y que no van a colaborar en que la economía domeñe la política y en que a los españoles se les niegue una vida digna. El presidente del Gobierno ni siquiera ha hecho un guiño, después de las elecciones, a esa España indignada, sociológicamente e intelectualmente más cerca de la izquierda que de la derecha, a la que con su actitud de soberbia en las horas siguientes a la elección ha manifestado un desprecio olímpico.

 

Cuarto: la convocatoria del proceso de primarias es un acto más de una tragedia que sin ser griega va a acabar igual, con la enorme desventaja de que José Luis Rodríguez Zapatero no tiene nada que ver con la genialidad de Alejandro Magno: a aquél le siguieron sus macedonios hasta la India, a Zapatero le han abandonado los suyos y no le van a seguir ni hasta el 2012.

 

Quinto: No hay una sola vez que las primarias hayan resultado positivas para el PSOE. Es un proceso que acabó con Joaquín Almunia, siendo secretario general. El ganador de aquel torneo, Josep Borrel no llegó siquiera a ser candidato. Lo de Tomás Gómez no tiene nombre y lo de Jordi Hereu ha conseguido el record de perder la alcaldía de Barcelona. La gran promesa, Tomás Gómez, que liquidó su disidencia en todos los municipios, como Móstoles –el peor resultado en la historia de este municipio, que es el segundo en población de la Comunidad de Madrid-  ha cosechado la mayor derrota de la historia del socialismo madrileño: no ha conseguido más que el 26 por ciento de los votos, la mitad de los conseguidos por Esperanza Aguirre.

 

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La línea de flotación de la catástrofe del PSOE

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Los medios de comunicación han filtrado la arenga de Zapatero a sus centuriones: el próximo fin de semana es la última oportunidad de evitar la debacle electoral mediante la movilización del voto socialista dormido. Una ruina electoral tiene dos parámetros de medición: por un lado, los resultados anteriores y por otro las expectativas. Pero hay algunos símbolos que pueden acentuar la derrota o atenuar su impacto. Sevilla y Barcelona son las dos únicas grandes ciudades gobernadas por los socialistas, y las dos pueden caer; tienen muchas posibilidades de que la primera sea gobernada por el PP y la segunda por CiU.
La batalla de Castilla La Mancha es crucial para Mariano Rajoy; pero también para el PSOE. La apuesta de Rajoy al alza por María Dolores de Cospedal le sitúa en el punto crítico de tener que evitar una derrota que le debilitaría delante de los halcones de su partido. Esperanza Aguirre está al acecho y Cascos puede ser aliado si consigue grupo parlamentario en Asturias.

Los límites de una derrota admisible son siempre etéreos; incluso dependen de la estrategia de comunicación de la noche electoral: todos mienten ese día, pero unos son más hábiles que otros: nadie reconoce una derrota, salvo que sea tan evidente que no admita disimulos.
El PSOE se juega mucho: encima de la mesa de apuestas está la herencia del postzapaterismo. En el tapete verde del 22 de mayo, la posibilidad de que sea imposible realizar primarias porque Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba no puedan evitar aparecer como coresponsables de la derrota, por haber asentido a todas las medidas que ha dictado Zapatero. Si el electorado castiga al PSOE con saña, habrá que hacer un congreso extraordinario para renovar una cúpula contaminada.
Por todo esto es tan importante delimitar los límites entre la catástrofe y un mal resultado: en la recta final de la campaña, salvo en contadas comunidades como Asturias o Extremadura, en donde los socialistas pueden ganar, se trata de salvar los muebles del naufragio.

Una explicación imprescindible a Federico Rodríguez: disculpas y rectificación

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En un artículo anterior, publicado en este Blog y reproducido por medio de Facebook y Twitter, hacía yo una afirmación de la que siento culpable por inexacta e injusta, y que me gustaría rectificar, empleando los mismos medios de comunicación que los empleados para la difusión del artículo: “¿El PSOE recurrirá a un Headhunter”
El artículo, que sigue a disposición de quien quiera leerlo -y tenga la amabilidad de relacionarlo con lo que aquí expreso- decía en su último párrafo, literalmente lo siguiente:

 

“La comisión ejecutiva del PSOE podría poner un anuncio en los periódicos económicos y hacer un casting con entrevistas entre los más guapos, los más listos y los más fotogénicos de este país. Podría ser así: “Se busca líder atractivo, no hace falta experiencia, con capacidad para encandilar a las masas con discursos vacíos. Larga proyección profesional con posibilidades de llegar a la presidencia del Gobierno de España. Se ofrece control absoluto sobre una organización de 220.000 militantes que se conducen en función de sus incentivos y aspiran a tener una larga carrera profesional. Remuneración a convenir, coche oficial blindado con chófer, escolta, gastos de representación y despacho y disponibilidad de elegir equipo en modernas oficinas de la calle Ferraz”

 

De lo que estoy arrepentido y quiero pedir disculpas y retirar esa afirmación es de lo siguiente: “Se ofrece control absoluto sobre una organización de 220.000 militantes que se conducen en función de sus incentivos y aspiran a tener una larga carrera profesional”
Me parece que he faltado al respeto a docenas de miles de militantes del PSOE que tienen la mejor voluntad y disposición, junto a una trayectoria de honradez personal, en su adscripción a una siglas históricas, las del PSOE, y que en modo alguno se corresponde con la realidad.
Mantengo el resto de las críticas sobre la burocratización del PSOE y sobre la dirección del partido. Pero la generalización sobre los móviles de los militantes me parece absolutamente improcedente.
He de decir contundentemente que pocas cosas, por no decir ninguna, me producen más respeto que el compromiso político, entendido como la subordinación de los intereses personales al servicio de una idea transformadora de la sociedad. Por lo tanto, todos esos miles de militantes honestos y comprometidos, que con razón se hayan podido dar por aludidos, tienen mis disculpas.
Creo que el PSOE está sumergido en una crisis profunda y poliédrica. Que los llamados “barones” y la dirección federal del partido están hurtando el debate político y dan como cebo la elección de unos líderes elegidos por ese aparato como alternativas para suceder a Zapatero en la presidencia del Gobierno. Pero de todos los grandes defectos que adolece el PSOE, y no es el menor de ellos el control del partido y la búsqueda de voluntades incondicionales, utilizando la posibilidad de formar parte de las listas electorales y de otros cargos remunerados, no tienen ninguna responsabilidad los militantes. Salvo la obligación de comprometerse, a mi juicio, con un movimiento interno de rebeldía para que el PSOE se regenere como un partido con un proyecto político socialdemócrata, democráticamente gobernado donde los militantes tengan responsabilidades y mecanismos de control de la dirección del partido. Muchas gracias.

Algunas lecciones del ejemplo islandés

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La actual crisis ha sido particularmente injusta en la medida que los repartos de los costes de la misma han sido extremadamente desiguales. Muchos trabajadores han perdido sus empleos; otros, los que lo han podido conservar, se han enfrentado a recortes salariales y otras limitaciones de derechos sociales que habían tardado décadas en ser conquistados. Los banqueros, sin embargo, no han visto afectado su lujoso modo de vida. No solamente no han sido perseguidos por los excesos que cometieron sino que se permiten continuar con su práctica de retribuciones millonarias.

El sector financiero y sus líderes diseñaron un sistema a la medida de sus intereses, con el patrocinio indispensable de unos líderes políticos que cayeron en la trampa de pensar que la elasticidad de las burbujas era infinita. Parece sin embargo que no se ha aprendido la lección, pues aunque se han introducido algunas regulaciones a nivel supranacional para regular el sistema financiero, no se ha exigido responsabilidades a los culpables de la crisis. No es de extrañar, por otro lado, los crecientes índices de desafección política, en la medida que gobiernos de derecha e izquierda no han sido capaces de dar una respuesta política a la crisis que reafirmara de nuevo el poder democrático sobre los mercados financieros.

 

Islandia es una esperanzadora excepción a esta regla general. Este pequeño país, de apenas 350.000 habitantes, constituye un ejemplo muy ilustrativo del tipo de capitalismo que colapsó en el verano de 2008. Fortaleció de forma desorbitada su sistema financiero en detrimento de otros sobre los que el país había construido su economía (sobre todo el sector pesquero). El modelo tuvo éxito al elevar la riqueza del país notablemente, pero la crisis ha golpeado a Islandia con la misma fuerza con la que produjo resultados boyantes en el corto plazo. Varios de sus bancos quedaron en bancarrota y las tasas de desempleo han aumentado en un país que hasta hace poco tuvo pleno empleo. Ahora el país se enfrenta al reto de recuperarse invirtiendo trabajo y esfuerzos en nuevos sectores hasta ahora ignorados por la burbuja.

Según relataba la crónica de Claudi Pérez en El País el pasado domingo, los ciudadanos islandeses han logrado ejercer tal presión que varios de sus banqueros se verán las caras ante la justicia por su responsabilidad en hinchar la burbuja de la codicia. Esto no habría de ser nada excepcional si no fuera porque el único banquero que ha dado con sus huesos en la cárcel ha sido Bernard Madoff, que cometió el grave error no de jugar con el sistema para enriquecerse, sino sobre todo hacerlo a costa de sus poderosos clientes. ¿Puede el ejemplo islandés contagiarse por Europa?  Los partidos de izquierda han abdicado de este responsabilidad. Sólo los ciudadanos, organizados, podrían forzar a sus gobiernos democráticos a hacer justicia.

 

 

La incapacidad esencial de comunicar con inteligencia hunde al PSOE y al Gobierno

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Defender lo imposible lleva a la incoherencia de tratar de convertir en ventaja lo que es un absurdo. Elena Salgado y su equipo económico, asentado en la ortodoxia económica ajena a cualquier tentación socialdemócrata, le han cogido un gusto enorme a los recortes. La tijera es un instrumento en la vicepresidencia económica que sólo se compensa cuando aparece Artur Más en la intimidad de José Luis Rodríguez Zapatero. Entonce surge la goma de borrar. Quienes utilizan el anatema del anticatalanismo para aplicárselo a cualquier crítica a cualquier dirigente catalán, llegan al límite del absurdo de considerar que cualquier argumento que beneficie al PP es nefando por esa causa. Es una talibanización de la política de la izquierda para provocar el efecto conocido de que los polos opuestos no pueden evitar atraerse. De esa manera la carrera de despropósitos entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero consiguen materializarse en el rechazo que sufren en las encuestas por sus propios partidarios que sólo les votarán para evitar que salga el contrario. Están unidos por el rechazo de los propios que son los contrarios de cada uno de ellos. Más >