Burka, defensa de los derechos de la mujer y oportunismo político
Sin quemar un cartucho, el PP tiene la pretensión de tomar las banderas tradicionales de la izquierda pero hueras de contenido. No hay más que compromisos difusos y oportunistas, pero la utilización sistemática del programa oculto, de enumeración de principios sin concreciones, pretende amortizar la imagen de partido ultraconservador que ha tenido siempre con pinceladas en el aire que a nada comprometen. Un cambio estético sin desgastes ni obligaciones.
Ahora, después de defender teóricamente a funcionarios y jubilados, de oponerse a las medidas de recorte del gobierno para paliar la deuda y el déficit, toma el turno de la mujer con una de las situaciones menos presentes en la vida española: el burka. La intencionalidad también es claramente electoral porque parte de Cataluña, donde más episodios de xenofobia se producen y en donde además tiene el PP competencia electoral desde el planteamiento de rechazo formal y explícito a la inmigración. El burka es el problema más cómodo de manejar porque es casi imposible encontrar a alguien que sienta afecto por esa prenda infecta, que es una imposición desde el machismo cultural de los hombres integristas islámicos más radicales. Otra vez el PP plantea una ecuación con trampa: si se está en contra de la forma y las medidas que proponen para prohibir el burka, se está a favor de que el burka esté permitido y de la condena que sufren las mujeres que lo llevan. Demasiado elemental en la línea de las técnicas del PP.
Bibiana Aído ha estado acertada en su análisis. Condenar a la mujer que lleva el burka prohibiendo usarlo es dejar en la impunidad a los hombres que lo imponen y amenaza con dejar encerrada en casa a la mujer que no se atreverá a desafiar la prohibición de usarlo. No es una medida para liberar a la mujer ni para combatir el machismo porque la única forma de hacerlo en esta cuestión es arremetiendo contra quienes imponen el burka y no contra las que lo llevan como una obligación de sometimiento impuesto por la fuerza. He escrito un artículo en esta dirección en la agencia Europa Press y aquí pretendo rematar estas reflexiones.
Pretender frivolizar con estos aspectos que tienen tantas aristas no es más que un nuevo gesto de oportunismo electoralista en la misma línea en la que el PP se da el lujo de no blanquear sus propuestas de reforma laboral o de recortes de gasto.
La consigna electoral es clara: jugar con todo lo que no comprometa y de paso desgastar al Gobierno. Si gana el PP nos vamos a enterar de lo que es hacer sacrificios y retroceder en libertades.
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