Carlos Carnicero

La Habana, el origen de la vida (Artículo publicado en la revista VIAJAR en 2007)

Cada vez que viajo a Cuba encuentro mi corazón dividido entre las emociones profundas de muchos años y la preocupación por el desenlace de un sueño interrumpido. Mañana viajo a La Habana y me he permitido recuperar este artículo lleno de significados para mi.

La Habana que se observa desde lo alto del Castillo del Morro, al otro lado de la bahía, está escondida detrás de la cortina de un sueño. Nada de lo que se percibe es totalmente cierto o totalmente falso; depende de la disposición del visitante para descubrir los matices de ese misterio. Viajar a La Habana es, ante todo, una traslación nostálgica al pasado; un giro en el tiempo. Aterrizar en La Habana es encajarse en la tramoya de una película inacabada, permanentemente rodada desde los años cincuenta, cuando la revolución cubana decidió intervenir en la historia, modificando los tiempos hasta dibujar sus propios escenarios. Los viejos coches norteamericanos, auténticos dinosaurios prerrevolucionarios, constituyen el atrezzo indispensable de esta representación permanente en la que los desvencijados edificios de la ciudad, huérfanos de competencia inmobiliaria capitalista, obligan a frotarse los ojos para percatarse de que no se ha retrocedido a atmósferas pasadas. En esta ciudad de La Habana, que lucha por mantenerse en pie, nunca se sabe si lo que está enfrente pugna por terminar de ser construido o está apuntalado, para evitar su desplome. Y esa incertidumbre impide apartar la vista, descansarla, y obliga a un `permanente escrutar en sus enigmas. Todo puede ser una cosa y la contraria porque esa es la esencia controvertida del último sueño político personal del siglo XX que ha conseguido colarse en el siglo XXI.
No hay un contexto igual en el mundo porque la ciudad no es un conjunto de comercios y escaparates, de calles ordenadas y edificios simétricos, sino, justamente, su ausencia. Ni siquiera el desorden tiene lógica propia y se devenido por la pura inercia de las tendencias. Las travesías, muchas de ellas descompuestas, cobran vida propia, pero solo para ceder el protagonismo a los naturales de la ciudad. El cubano, en La Habana, se constituye en el eje mismo de la capital, en donde las calles, los edificios y la vegetación exuberante son solo contenedores de las emociones de sus moradores. Si el comercio es lo que sella la identidad de las ciudades y lo que les da razón de ser para satisfacer las demandas y los antojos de sus moradores, La Habana es la única urbe del mundo en el que las transacciones no existen más que en forma de abastecimiento, sin ser esta una circunstancia transitoria por las dificultades de su maltrecha economías, sino el resultado de un proceso ideológico que pretende hacer del hombre un eremita. El fondo del pensamiento del jefe y comandante de esta revolución es eminentemente “ignaciano”, entendiendo por tal la concepción de la sociedad entera como un ejército al servicio místico de un ideal revolucionario. Transportados los cubanos a lo largo de su vida con semejante bagaje, su hábitat natural no está condicionado por el comercio, la competencia o el progreso individual; todos están sometido a dos de los votos fundacionales de la Compañía de Jesús –en la que inequívocamente se educó y formó Fidel Castro Ruz-, la pobreza y la obediencia, sin que exista constancia fehaciente de que en algún momento se hubiera intentando imponer la castidad. De esa manera, entender la ciudad es asimilar un eslogan fiduciario que resume el espíritu de la apuesta política cubana: “Todo el poder para el Comandante en Jefe; dinero para nadie y gloria para todos”.
Desde estos parámetros conceptuales, lo primero que tiene que decidir el visitante bienintencionado es la renuncia a una interpretación simplista de la ciudad, porque La Habana es ante todo un universo complejo, imposible de sintetizar en una primera impresión, donde la belleza radica, sobre todo, en lo que uno sea capaz de sospechar. La tentación es el diagnóstico precoz porque es difícil sustraerse de una visión colonialista, eurnarcisista y engreía cuando lo que se contempla no es fácil de descifrar; entonces lo más socorrido es dibujar espacios elementales en la inteligencia que acomoden lo que no se entiende a lo que queremos interpretar.
Como toda realidad humana, la Habana tiene establecido un orden que es necesario cumplimentar aunque no sea más que para una economía de esfuerzo en su contemplación. El origen de todo peregrino debe ser La Avenida del Puerto. Rodeada por los fuertes españoles -el Castillo de los Tres Reyes del Morro, La Cabaña, la Fuerza y el Segundo Cabo- la bocana del puerto abre una vía de vida hasta el corazón de la ciudad. Cuando a La Habana se arribaba exclusivamente por mar, el fondeadero era directamente el centro de un mundo bullicioso donde las flotas de todos los tiempos, desde que se descubrió el Nuevo Continente, se cobijaban para agruparse en espera de los alisios y al abrigo de los piratas para viajar a Europa. Era también el Puerto de La Habana primera y obligatoria escala en los viajes transoceánicos a cualquier lugar de América; abrigo después de cruzar el Atlántico desde los últimos refugios transatlánticos de las Canarias y las Azores. Luego, cuando la ciudad, desde dentro de los muros, reclamo más espacio, se expandió en una desbandada de barrios sucesivos que han generado una urbe extensa, dilatada y, sobre todo, bulliciosa.
El mar, que le dio la vida, sigue siendo el centro de la ciudad y el espacio donde La Habana se asoma, agresiva, reclamando permanentemente su vocación ultramarina, comerciante y consignataria de sueños y aventuras: al norte se siente Nueva York, como destino final de una escala de Federico García Lorca que estuvo a punto de no volver nunca por quedarse para siempre en Cuba, y se intuye Norteamérica, a la que la política mantiene alejada, apenas accesible, pero que sigue ahí, al alcance de la mano, pese al empeño de nueve presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica, que no han percibido, todavía, el afán de eterna independencia de los cubanos; al sur, un continente que siempre tuvo su entrada y su punto de partida en la capital de Cuba. La Habana es ante todo la puerta europea de América o la salida americana de Europa.
Subidos en el pretil del malecón, en las noches de luna llena, cuando el mar está en calma, se auscultan a lo lejos las chirigotas de Cádiz, se huele la Alfama de Lisboa y se sienten, perturbadores, los viejos muelles del Guadalquivir, en una Sevilla que no se puede separar de La Habana en un eterno viaje de ida y vuelta, que no terminará nunca de cerrar ese ciclo de amor y de la historia que sigue tejiéndose, cada día, entre cubanos y españoles.
Desde el malecón se expanden los sueños de todos los habaneros que utilizan este paseo marítimo memorable –solo comparable en su belleza a los de Niza, Rió de Janeiro y San Sebastián- como sala de estar, protéstódromo contra un mundo que no termina de comprenderlos, balcón de los sueños, alcoba de amores para quienes no tienen un cuarto con cerrojo, y escaparate de pícaros que venden todo lo que pueda estar prohibido. Y, sobre todo, el malecón es el refugio donde soportan los habaneros, en las noches tórridas del verano, la esperanza de que sus sueños terminarán por trasportarles hacia un camino exterior, que siempre tiene que tener retorno para combatir la nostalgia insoportable que para un habanero es estar fuera de su ciudad, de la que quiere huir solo para poder volver. El habanero siempre se bate en la esquizofrenia de querer irse al mundo exterior y quedarse siempre en su “Cuba bella”. Y en estas discusiones se le va la vida esperando que los gringos levanten el bloqueo y el gobierno revolucionare afloje los cerrojos de los sueños individuales de cada habitante de esta pequeña isla que se ha empeñado en tener un escaparate ruidoso, desproporcionado y visible desde cualquier lugar del mundo, solo porque el Comandante en Jefe está empeñado en traspasar los muros de la historia.
La Habana creció desde el puerto, desplazándose fuera de los muros defensivos de la ciudad por el Paseo del Prado, en donde a principios del siglo XX exhibían sus casas los poderosos. Luego, los forjadores de la ciudad que importaron el refinamiento de París, los mármoles de Carrara y los modos de vida de Nueva York, se fueron trasladando hacia Centro Habana, El Vedado, y Miramar, en una dispersión que buscaba barrios exclusivos en la medida en que el comercio reforzaba una burguesía depurada, fue capaz de construir, en doscientos años, la más bella y cosmopolita metrópoli de todo el continente americano, solo comparable en la imponente majestuosidad de sus trazados a la ciudad de Buenos Aires, que le tomó la ventaja de los años en que Juan Domingo Perón convenció a cada porteño que era un rico inconsecuente y Fidel Castro reforzaba la austeridad en la que han crecido los hijos de su revolución.
Desde la Plaza de San Francisco, avanzando hacia el Capitolio, recorriendo con paciencia calles que tienen nombres tan españoles como Amargura, Mercaderes, Oficios u Obispo, un cubano ilustre, inteligente y atrevido está consiguiendo el milagro de la reconstrucción de una de las metrópolis más bellas y trascendentes del mundo. Eusebio Leal, distinguido con el merecido título de “historiador de la ciudad”, trata de refundar, cada día, la ciudad de San Cristóbal de La Habana, con el mismo aspecto de cuando la asaltaron los ingleses en 1.762, solo para devolverle la dignidad que le compete como ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad.
Desde el paseo del Prado, cuya grandeza todavía se adivina entre sus edificios desvencijados, el horizonte del turista no puede distanciarse de los acontecimientos políticos que han sido universales durante más de cuarenta años. La Plaza de la Revolución nos recuerda que el Ché Guevara se hizo leyenda en las avenidas de esta ciudad. El Museo de Bellas Artes, que esconde una maravillosa colección de arte cubano e internacional, desvela la sensibilidad de un pueblo capaz de tamizar la luz dura del sol del Caribe hasta hacerla un suave suspiro suspendido en el lienzo. El museo de la revolución exhibe los hitos de ese milagro tratando de mantener vigente una gesta que hoy todavía resulta incomprensible.
El resto de su ciudad son sus moradores en un universo en donde el mestizaje es el soporte de la vida. El reto del transeúnte es descifrar las calificaciones con que los habaneros se denominan en función del color de la piel, del tipo de pelo o del origen y procedencia: blanco, negro capirro, prieto, coloraó, javaó, moro, chino o, sencillamente, amor mío.
Los habaneros se ríen, te asaltan con su sonrisa y su picaresca acaba en donde se define su ingenio para venderte una caja de tabaco o la promesa de un sueño. Los cubanos, con la música de fondo, permanente, sugestiva, imposible de evitar, como el verdadero oxigeno que les permite la vida, te arrastran a un mundo en donde el consumo se colma con una cerveza muy fría para refutar el calor insoportable de cada mediodía o un mojito aromatizado con hierba buena y angostura, que puja la celebridad con los daiquiris frapés para aflojar el cerebro y las piernas al compás del son el bolero o el chá chá cha.
Al atardecer, después de asaltar la Catedral de La Habana, el Palacio de los Capitanes Generales y el Capitolio, la cita, de nuevo, es el malecón para ver esconderse el día en los límites del horizonte, mientras los pescadores regresan envueltos en gomas de camión para buscar cobijo a un pargo, una rabirrubia o un pez perro, botín de una jornada a remojo bajo el sol de Caribe, en aguas que parece mentira que también puedan ser bravas cuando llegan los frentes del invierno.
Entonces, la ciudad recupera el sosiego de la noche. Los viejos coches del pleistoceno capitalista, que viven el milagro de la supervivencia de todos los cubanos, runrunean despacio por el malecón, compatibilizando su lento desplazamiento con la escasez de combustible. Los “almendrones”, taxis colectivos, te llevarían por diez pesos cubanos de una punta a otra de la ciudad si no fueras extranjero. Pero el universo del peso y del dólar -ahora refundado y camuflado como “peso convertible- se diluyen en una dialéctica surrealista entre la moneda propia, desconcertada por la del enemigo del norte, y se funden en abrazos de supervivencia en donde hacerse con la “divisa” es el objetivo de quien te quiere cuidar el coche, limpiar los cristales o explicarte el milagro de la vida.
La noche es también de la música. Los habaneros nacen moviendo las caderas al son de una melodía. Los niños cubanos, al abandonar a su madre, no lloran sino que bailan para decir que están vivos. Los habaneros han fusionado el danzón con la música africana hasta inventar el jazz latino; nos han regalado las habaneras, el bolero, la rumba, el cha chá y el mambo. Los viejitos de Santiago de Cuba, guitarra en ristre, han asaltado el cine norteamericano para hacerse dueños de los escenarios, convertidos en geriátricos vivos en donde los mayores se rebelan contra su propio destino hasta hacerse tan inmortales como Compay Segundo, Pablo Milanés o Beny Moré.
Mientras en las cazuelas se fríen “mariquitas de plátano” y los lechones asados se doran en las brasas, el ron cubano invita a encender un habano, para fumarlo despacio, inhalando el humo que encendieron por primera vez los indios taínos antes los incrédulos españoles, que no tardaron en darse cuenta de que La Habana había que ubicarla en la entrada al paraíso de la “tierra más hermosa” con que Cristóbal Colón no tuvo más remedio que denominar a la isla de Cuba.
Al final del viaje, cuando el portillo del avión nos distancia del paraíso, lo recomendable es aspirar hondo, coger aire húmedo, espeso, abigarrado por el sol y las tormentas del Caribe, y rezar tres padrenuestros sin soltar el aliento, para pedirle a cualquier dios, de los que vinieron de África en los barcos de negreros, que nos de salud y vida para regresar siempre a la ciudad de La Habana, porque allí debió ubicarse el origen de la vida.

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El lamento catalán

Hay dos sentimientos que son fáciles de incendiar: las bajas pasiones y la sensación de engaño y frustración. Incluso es una táctica mercantil para conseguir posición de ventaja. Los hechos no se corresponden con los resultados cuando quien tiene poder y capacidad para hacerlo traslada influencias en la dirección de la desilusión y la desafección: los mayores logros pueden parecer insuficientes si se tiene la habilidad de presentar los resultados en esa clave que es mucho mas psicológica que real. Pero es fácilmente contagiosa.
En España se han producido movimientos encadenados tendentes a la inconformidad. El primero de ellos, la moda de considerar la transición como un acto de dejación de derechos y una maquinaria de consecución de mínimos por lo que ahora se consiera un acobardamiento colectivo frente a lo que entonces se llamaban “poderes fácticos”. Denostar la transición y a quienes la protagonizaron es un deporte que practica la progresía reciente y los nacionalismos periféricos por distintas causas con resultados coincidentes. Y está enlazada con el ninguneo proferido por José Luis Rodríguez Zapatero hacia los dirigentes históricos del PSOE que protagonizaron esa transición.
Para justificar que la transición fue nefasta, se establece que el franquismo y los franquistas están vivos y han quedado impunes. Otra simplificación: el franquismo es un movimiento político tan muerto como sus promotores. No conozco a nadie en España que defienda el movimiento nacional, la desaparición de los partidos y la nulidad de los derechos democráticos: cuando se reúnen lo resididos de aquel franquismo en una demostración nostálgica, no llegan al centenar de personas que parecen ovnis fuera de este mundo.
Lo que sí existe es una ultraderecha o derecha dura que está la mayor parte de ella incluida en el Partido Popular, que no renuncia a esa parte del electorado: no es franquismo, es sencillamente derecha ultramontana que encuentra acogida en el PP. Son insoportablemente reaccionarios, pero es un error conceptual tacharlos de franquistas.
La tercera digresión es la de deuda permanente con los representantes nacionalistas de las comunidades denominadas históricas. La Constitución de 1.978 ha sido el soporte legal del mayor grade autonomía imaginable en el que el estado ha traspasado casi todas las competencias con excepción de la política monetaria –que está en manos de la Unión Europea- la política exterior y de defensa y algunos asuntos relacionados con puertos, fronteras y aeropuertos. No es fácil encontrar un estado federal que disponga de un grado de autonomía como la catalana.
Los nacionalistas nos han acostumbrado a un lamento que no tiene fin. Ahora, el Tribunal Constitucional ha establecido que sólo existe una nación y una soberanía que no admite fraccionamientos. Estaba claro, pero la pulsión nacionalista es considerar que su territorio es una nación independientemente de lo que diga la Constitución, a la que tienen tanta aversión como a la bandera de España. Y no hay pérdida de competencias, pero ellos planean una nueva ofensiva para que su lamento, convertido en reivindicación, les permita ahora arañar más competencias en una carrera sin meta fijada.
La izquierda española no ha admitido que democracia y nacionalismo no son conceptos unidos y obligatorios; es más, casi por definición la izquierda no puede ser nacionalista por su sentido universal de la solidaridad. Pero la trama de tantas cuestiones falsas encadenadas ha determinado que como el franquismo también persiguió a los movimientos nacionalistas, no ser nacionalista es demostrar una carencia antifranquista.
Del franquismo sólo queda pendiente el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y esa es una de tantas tareas que Zapatero planteó y no ha sido capaz de culminar. En vez de reclamar al Gobierno invocan el franquismo como problema vigente.
Entonces, quienes no tienen imaginación ni capacidad para plantear causas de futuro que tiendan a la igualdad económica, a la independencia de los mercados y a una reconstrucción de la izquierda, se han inventado una lucha antifranquista que es metafísicamente imposible , porque no se puede luchar contra lo que no existe: los que tienen edad para ello, perdieron la oportunidad de ser antifranquistas cuando el dictador y su equipo estaban vivos y activos: ahora, enterrado el franquismo por la Constitución y las duras condenas para quienes intentaron los golpes de estado contra la democracia, ser antifranquista es un juego de salón sin ningún riesgo y ninguna épica porque todos los representantes de la dictadura están muertos.
El lamento catalán nos hace a todos estar pendientes del estado de ánimo que trasladaran José Montilla y los demás líderes, confesos o no, del nacionalismo catalán. Pero parece que no importa el estado de ánimo de muchos españoles demócratas, progresistas y defensores de la Constitución y los estatutos de autonomía a los que nadie les hace caso porque se ha establecido que su falta de comprensión y su agotamiento con los lamentos nacionalistas son sentimientos no democráticos. Y detrás de esa falsedad se fabrica continuamente la conversión del lamento catalán en reclamo y este en concesión. Y así se nos va la vida y se nos va la oportunidad de que una España democrática juegue un papel en este mundo democratizado y cambiante. Ahora el presidente Zapatero hará todo lo necesario, “cueste lo que cueste” para resarcir a los nacionalistas catalanes de la afrenta que les ha proferido el Tribunal Constitucional por cumplir con la ley y con su obligación.

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Cataluña “desplegará” su autogobierno

Cada vez que las palabras se separan de los hechos se produce un vacío que es germen de conflictos. Todos los analistas indican que la sentencia del Tribunal Constitucional no recorta ninguna capacidad de autogobierno para Cataluña, con excepción de alguna referida a sus órganos de Justicia que puede ser enmendada legalmente con una Ley Orgánica. ¿Dónde está el problema práctico?
Se trata de emociones y de discursos identitarios. Se trata de saber si los líderes políticos respetan la Constitución y las instituciones que de ella emanan. Y si es así, con la sentencia en la mano, Cataluña puede seguir por la misma senda institucional que tenía. Puede “desplegar” su estatuto.
La dialéctica es sobre la naturaleza del nacionalismo y su inconformidad con adecuar sus parámetros a la Constitución. Lo razonable sería determinar el orgullo de todos los nacionalistas por la Constitución, porque es el soporte legal del autogobierno y el Estatuto de Cataluña. El problema surge cuando las palabras no se ajustan a los hechos: los nacionalistas catalanes no se sienten ni identificados ni representados en la Constitución española desde mucho antes de la sentencia del Tribunal Constitucional. Y su dialéctica siempre será de tensión con las leyes españolas porque esa es la esencia y la razón de ser ideológica de su existencia.
Zapatero es un mago de jugar con las palabras sin remitirlas a los hechos. Pacta con Maragall para luego serle infiel con Artur Más, al que termina engañando. Acepta la sentencia del Constitucional como si no tuviera nada que ver con él, para luego prometerle a Montilla que tratará de darle la vuelta como si fuera un calcetín.
Hay una ecuación falsa en la política española que trata de equiparar a quienes no son nacionalistas con los viejos nacionalistas retrógrados españoles. Pero ser y asumir las posiciones de los nacionalistas no es un requisito para ser demócrata. Y el despreció que dicen sentir algunos dirigentes catalanes desde el resto de España es sólo originario de algunas minorías exaltadas y normalmente ultraconservadoras. En Cataluña dicen sentirse incomprendidos por el resto de los españoles y muchos españoles dicen sentirse incomprendidos por la actitud de los líderes políticos catalanes. Dos desafecciones cruzadas que empobrecen a las dos partes. El problema no es que Cataluña se aleje de España. También forma parte del problema que España se aleje de Cataluña. Desplieguen su estatuto conforme a la Ley y guarden la demagogia en cajón que no están los tiempos para bromas. (Artículo distribuido por Europa Press)

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La utilidad de las manifestaciones en función de quien las convoca

José Montilla y José Luis Rodríguez Zapatero se van a reunir en La Moncloa para tratar de la sentencia del Tribunal Constitucional y de las consecuencias que puedan derivarse de la manifestación de Barcelona. En medio, la exaltación de la obviedad y de la cuadratura del círculo: se quiere poner remedio a un problema que no sólo es de Cataluña –el mal llamado problema catalán, Montilla “dixit”- sino de España. Muy bien, ojala acierten en explicar cual es ese problema para que podamos hacer cábalas sobre su solución. Y sobre todo, para saber si tal solución existe como una realidad estable o son sólo soluciones hasta la siguiente reivindicación nacionalista; de los adheridos a esa ideología nunca sabemos su grado de satisfacción, con el agravante que una parte importante de la izquierda española ha determinado que la insaciabilidad es progresista.

Habría que tomar una decisión previa que nos comprometiera a todos: saber si las instituciones, quienes las dirigen y los líderes políticos, están sometidos al imperio de la ley. Es una pregunta clave porque determinará todos los comportamientos. Eso se llama “estado de derecho”, en donde todas las conductas, incluso las del Rey, están sometidas a las leyes.

Desde ese punto de vista, modificar la sentencia del Tribunal Constitucional -y por lo tanto sus consecuencias- sólo tiene dos vías posibles. Aplicar la sentencia con los llamados “recortes” que contiene, incluidas las vías que sugiere para, por medio de una ley orgánica, solventar incompatibilidades entre el Estatuto y la Constitución, y encajar los preceptos que ahora chocan y tienen solución por esa vía, o revisar la Constitución para que encaje en ella la redacción del estatuto antes de que fuera modificado por la sentencia. Eso incluiría –siempre para satisfacer a los insatisfechos desde el nacionalismo catalán- el cambio de concepto de la “indivisible nación española” y la parcelación de la soberanía por la de un estado confederal, compuesto de naciones que eligen unirse sin compartir la soberanía que radicaría en las autonomías. Salvo que lo que se pretenda sea una “excepción catalana”, en la que lo que entonces sería una “nación” optaría o no por unirse con el resto de España sin ceder una soberanía que en ese caso sería privativa de Cataluña.

Así de sencillo, tanto, que hasta el más limitado de nuestros dirigentes políticos, no tendría por qué tener dificultades de comprensión.

El caso es que el presidente de la Generalitat de Catalunya invoca una manifestación -cuyos asistentes oscilan entre los cincuenta y seis mil que daba el método científico de una empresa de medición contratada por la agencia EFE, y el millón y medio que aseguran los convocantes que afluyeron- para modificar la sentencia del Constitucional. No debiera ser un dato menor llegar a un consenso sobre las cifras, si se quieren utilizar como valor de influencia política –e incluso hasta jurídica- de acuerdo con algunos dichos sobreentendidos y nunca bien explicados, por los que los convocantes de cada marcha tienen derecho a conseguir que el Gobierno no puede “desentender” el clamor de los que así se expresan.

Bueno, llegados a este punto, ¿qué quieren quienes se arrogan la representación de los manifestantes, que iban desde la más animosa manifestación independentista y de desprecio hacia España, hasta quienes sólo quería demostrar su desacuerdo con la sentencia del Tribunal Constitucional?

José Montilla y el resto de los dirigentes políticos nacionalistas catalanes no aclaran del todo nunca si están dispuestos a someterse al dictado de la ley. Es decir, si respetan la Constitución y lo desarrollado en la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. Si fuera así, cosa dudosa, no tiene otra vía de escape que la modificación de la Constitución. Y tampoco ayuda mucho el Gobierno cuando su vicepresidenta María Teresa Fernández de La Vega afirma, según el diario El País:

“La vicepresidenta primera y portavoz del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha asegurado hoy que el marco y el modelo político que establece el Estatuto para Cataluña caben “perfectamente” en la Constitución”.

De la Vega ha subrayado además que la autonomía que, “en base a su identidad”, reclama el pueblo catalán tiene espacio en el proyecto “plural y diverso, pero común, que es España”. ¿Qué quiere decir la vicepresidenta del Gobierno de España con estas manifestaciones? Qué es lo que cabe en la Constitución, ¿lo que pretende Montilla o lo que dice la sentencia del Constitucional?, porque son cosas bien distintas.

Al margen de que no hay democracia posible sin estado de derecho, convendría que también nos pusiéramos de acuerdo en los casos en los que el Gobierno tiene que tomar en consideración a los manifestantes. ¿Además de las complejos y a veces contradictorios reclamos de los manifestantes de Barcelona, tienen el mismo valor reivindicativo las manifestaciones apoyadas por la Iglesia Católica española, las que piden la anulación de la ley de interrupción del embarazo o las que en su día se pronunciaban en contra de la negociación con ETA?

¿Cómo se modula la validez de las reclamaciones cuando los manifestantes chocan con la ley? Si la huelga general del 29 de septiembre tiene éxito, ¿estará dispuesto el Gobierno a encajar las demandas de los sindicatos en las medidas legales para combatir la crisis?

La coherencia es la obligación intelectual de que las reflexiones encadenadas, tendentes a analizar un problema y sus soluciones, no sean contradictorias entre sí, de manera que puedan formar un conjunto armónico en el que todas las afirmaciones se puedan soportar las unas en las otras. Ser coherente es una servidumbre intelectual que impide que una cosas y la contraria puedan coexistir. En este mundo, en esta época que nos ha tocado vivir, la coherencia se ha convertido en un menú a la carta en la que los platos pueden combinarse con el choque más rotundo de sabores. Lo que conviene sirve y encontrará mecanismos de estar justificado y ser compatible con la resolución contraria, cuando las utilidades cambian es el milagro de la alquimia de nuestra clase dirigente. En ese sentido, a las manifestaciones hay que hacerles caso siempre que sean favorables. El problema grave que tenemos con esta es que ni siquiera los convocantes son coherentes entre si. ( Artículo publicado en el periódico El Plural.com)

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Gobernar o manifestarse (El dilema de Montilla)

La mayoría de los expertos en derecho constitucional han determinado que la sentencia del Estatuto de Cataluña no disminuye su capacidad de autogobierno –excepto en los temas de Justicia que se pueden reformar por vía de ley orgánica- y, por el contrario, establece de forma definitiva un modelo autonómico con las más amplias facultades, equiparables a un estado federal, o incluso superiores. Lo que han hecho los magistrados fundamentalmente es recalcar la supremacía de la Constitución española sobre los estatutos o sobre cualquier otra ley, y determinar de forma bien explícita que la soberanía del pueblo español es indivisible y está referida a la única nación española. Nada que no supiera quien lo quisiera saber. Se salvan emocionalmente las definiciones de nación como sentimiento sin determinación ni consecuencia jurídica y los símbolos. Con respecto a la lengua, se determina la igualdad de los idiomas oficiales, lo que inevitablemente enmendará un modelo en el que se tendrá que poder elegir estudiar en castellano o en catalán; corrigiendo el despropósito de que se pueda estudiar en alemán, como hacen los hijos del president de la Generalitat, y no en cambio en castellano. Es decir, hasta ahora, sólo si se tenía dinero se podía elegir un idioma distinto del catalán para estudiar, siempre que no fuera el castellano.
Frente a esta realidad, nadie, excepto naturalmente el PP, quiso evitar la vía de la protesta contra la sentencia; mejor dicho, no contra la resolución sino contra la intromisión del Tribunal Constitucional por tocar una coma del Estatuto. Consideran los representantes de las instituciones de Cataluña y de todos los partidos -excepto PP- que no cabe interposición entre la determinación del pueblo de Cataluña en referendo y la ley resultante.
Bueno, todo esto, como los extras en los automóviles, es opcional: José Montilla y todos los políticos catalanes eligieron la vía electoralista de calentar los ánimos en vez de resaltar los beneficios. Como los muchachos que hacen pis para ver quien llega más lejos, los políticos catalanes se apresuran a sembrar la frustración y el descontento como fórmula para recoger réditos electorales.
La primera resultante es que frente al éxito de público de la manifestación -cuyo tradicional baile de cifras oscila entre los sesenta mil asistentes y el millón y medio- la deriva soberanista acabó en el intento de agresión al presidente Montilla que a los gritos de traidor -“botifler”- tuvo que esconderse en una dependencia oficial.
La disyuntiva permanente de un gobernante es decidirse por ejercer su oficio como estadista o como político. El estadista juega con los largos recorridos y con los intentos de solucionar los problemas para convertir en ventaja lo que es un déficit. José Montilla ha elegido encabezar la manifestación en vez de dedicarse a gestionar los problemas de una comunidad socavada por la corrupción, con déficit de funcionamiento de sus servicios y con desesperanza en muchos sectores de su población: es mucho más fácil sembrar la frustración que manejar con talento la esperanza.
Ahora, Montilla, exacerbados los sentimientos nacionalistas por el manejo de una sentencia que es, al mismo tiempo, un triunfo frente a las pretensiones caducas del PP y una tragedia emocional para el catalanismo, desde su escondite en una consejería para no ser linchado por los más exaltados seguidores de las tesis de la frustración, tendrá que afrontar una elecciones en donde el radicalismo tiene carta de naturaleza. Me parece que José Montilla se ha equivocado en todo.

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El mundo se desmorona, y nosotros nos desenamoramos. (Reverso de la expresión de Ingrid Bergman a Humphrey Bogart en Casablanca, aplicado a la sentencia del Constitucional)

Sólo en España es aplicable una formulación mediante la cual los políticos pueden estar a la vez contentos y contrariados con un mismo asunto, en función de la utilidad que tengan para sus parroquias esos extremos contradictorios. Es una variable de la tendencia a decir una cosa y la contraria en función del auditorio. La coherencia no cotiza en el mercado de valores de la política española.
Está ocurriendo con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña-
De esa manera, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, exaltó la derrota del PP en el mismo momento en que el presidente de la Generalitat y ex ministro del Gobierno, del que sigue siendo vicepresidenta Fernández de la Vega, José Montilla, se mostró indignado por lo decidido por el Tribunal Constitucional y se puso a organizar manifestaciones como si fueran actos de gobierno. Y al mismo tiempo Montilla reconce que la sentencia ha respetado lo central y nuclear del estatuto. En el fondo Montilla dice que está satisfecho porque ha derrotado al PP pero contrariado porque le han tocado su estatuto.
Nadie quiere aceptar sus responsabilidades en la cadena de despropósitos del proceso de elaboración del estatuto de Cataluña. Pascual Maragall, enfermo, y ahora fuera de la política, convenció en su día a José Luis Rodríguez Zapatero del pistoletazo de salida. El presidente se comprometió públicamente a aceptar y apoyar el texto que llegara del Parlament. Quizá fue la primera vez que Zapatero tomó una decisión sin pensar que los actos políticos tienen consecuencias vinculadas.
No hubo consenso en Cataluña, lo cual permitió sumar a la cerrazón del PP la rentabilidad instantánea para todos de que el partido nacionalista español por excelencia quedara fuera del proceso. La derecha españolista quedaba fuera y servía además como coartada para demostrar el carácter catalanista del proceso.
El Parlamento de Cataluña mandó al Congreso un texto imposible porque el PSC no hizo de moderador sino de agitador. Y allí, en expresión de Alfonso Guerra, se “cepilló” el texto hasta donde se pudo. El mecanismo previsto en la Constitución fue activado por el PP y por el Defensor del Pueblo; y presentaron recursos de inconstitucional mientras los partidos políticos permitían que el Tribunal Constitucional se degradase por falta de consenso en su renovación. En una pirueta final, el presidente Zapatero pactó con Artur Mas rectificaciones y estrategias al margen de la Generalitat y del PSC. Una trampa que duró poco.
Cargar contra el Tribunal Constitucional es la forma más cómoda de derivar responsabilidades. Si la posibilidad de recurso existe, que se ejercite es un acto que no se puede demonizar. Y si el PSOE y el PP son incapaces de llegar a un acuerdo para la renovación del Tribunal Constitucional, la responsabilidad fundamental es de los líderes de estos partidos y no de los magistrados que lo componen.
Esta retahíla de despropósitos no tiene fin. Ahora Montilla, que reconoce que la sentencia salva la parte central del Estatuto, llama a la movilización; Ezquerra Republicana, que se dio el lujo de votar contra este estatuto y pedir el voto negativo en el referendo, defiende ahora el estatuto como si fuera su hijo preferido. Y Zapatero mira al tendido a ver si escampa, que bastante tiene.
La gran abstención de los catalanes en el referendo no se recuerda, porque es de mal gusto hablar del desapego de los ciudadanos de Cataluña con toda esta operación política. Lo que se estila es fomentar la desafección –concepto permanentemente manejado por José Montilla como amenaza- y activar mecanismos de protesta en medio de la mayor crisis económica desde la Gran Depresión.
El tema fundamental no es el contenido de la sentencia que no menoscaba de manera importante la capacidad de gobierno de la Generalitat y del Parlament, y permite una solución a un problema envenenado durante cuatro años. Fija conceptos que son inequívocos en la Constitución, como la indisolubilidad de la soberanía de los españoles o la imposibilidad de una nación de naciones. Pero en general, nada que ver con el recurso presentado.
El problema de fondo es que los partidos catalanistas y las instituciones catalanas no están dispuestos a aceptar la legitimidad del Tribunal Constitucional como última instancia de resolución de conflictos que pongan en cuestión la constitucionalidad de una ley orgánica refrendada por los ciudadanos de esa comunidad. El conflicto de Montilla no es con la sentencia ni con el tribunal, es con la Constitución.
Para solucionar este problema habría que hacer varias cosas, todas de carácter complejo: la primera, un gran pacto político basado en el concepto de “patriotismo constitucional” que dejando a un lado el peso de la historia para conceptualizar España, determinara que los valores de la Constitución, incluidos naturalmente los referidos al estado autonómico, constituyen el bagaje para construir el concepto de un patriotismo para todos en el que España como marca de identidad de la nación española pudiera ser asumida por los españoles de todas las latitudes. Naturalmente es un pacto de lealtad y de alumbramiento de una democracia asentada en reglas respetadas por todos. A partir de ahí, construir instituciones sólidas e indiscutibles e indiscutidas como el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial. Los pilares de la Justicia y de la interpretación de la Constitución para resolver con autoridad todo tipo de conflictos.
España se está agotando en un estéril e inacabable debate identitario en donde es imposible llegar a consensos básicos de futuro por los choques permanentes entre una derecha ultramontana, rancia y centralista contra unos nacionalismos periféricos que se reforzaron con la intransigencia de Aznar y han incrementado la tecnología de la tensión como forma de crecimiento.
Algunas partes de la familia socialista han caído en esa trampa. El paradigma es el PSC. Pero también le paso al PSGA en su pacto con el Bloque Nacionalista Galego (BNGA) . Entonces el PSGA perdió las elecciones y en las próximas le ocurrirá lo mismo al PSC, por equivocarse de electorado. Ahora Montilla, en vez de apaciguar, excita. Si reconoce que la sentencia es una derrota del PP, ¿por qué actúa como si fuera una derrota suya? Si dice que la sentencia respeta la centralidad del Estatuto, ¿por qué se muestra indignado? ¿Podría tomarse alguien la molestia de intentar ser estadista?
Un socialista que ha sido miembro del Gobierno de España pretende que lo sucedido es un pacto político entre el Parlament de Catalunya y el Congreso de los Diputados, refrendado por los ciudadanos de la autonomía, -dicho sea de paso, con una bajísima participación, que no deslegitima la consulta pero pone en duda la afección de los catalanes con su estatuto- en el que no podría intervenir nadie más. La desautorización del Tribunal Constitucional ha pasado de ser tácita a ser explícita. Una institución más dentro del debate político y deslegitimada como ha sido el Tribunal Supremo por procesar a un juez que podría haber cometido tres delitos graves.
José Montilla cree que su salvación electoral es quitarse el ropaje de estadista, si es que alguna vez lo ha tenido, para vestirse otra vez de muñidor de políticas de corto recorrido. Y el tiro le va a salir por la culata, porque está alimentando el nacionalismo catalán, que tiene sus representantes específicos, y fomenta la desafección con España en contra de lo que sería su única tabla de salvación: el equilibrio entre la autonomía catalana y el patriotismo constitucional español.
Nadie piensa ni en Cataluña ni en España. A diferencia de la película Casablanca, donde Ingrid Bergman le decía a Bogart: “el mundo se está hundiendo y nosotros nos enamoramos”, en España, cuando nuestro mundo se está hundiendo, no sólo seguimos desenamorándonos sino que vamos camino del odio desintegrador. Así nos va.

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Burka, defensa de los derechos de la mujer y oportunismo político

Sin quemar un cartucho, el PP tiene la pretensión de tomar las banderas tradicionales de la izquierda pero hueras de contenido. No hay más que compromisos difusos y oportunistas, pero la utilización sistemática del programa oculto, de enumeración de principios sin concreciones, pretende amortizar la imagen de partido ultraconservador que ha tenido siempre con pinceladas en el aire que a nada comprometen. Un cambio estético sin desgastes ni obligaciones.
Ahora, después de defender teóricamente a funcionarios y jubilados, de oponerse a las medidas de recorte del gobierno para paliar la deuda y el déficit, toma el turno de la mujer con una de las situaciones menos presentes en la vida española: el burka. La intencionalidad también es claramente electoral porque parte de Cataluña, donde más episodios de xenofobia se producen y en donde además tiene el PP competencia electoral desde el planteamiento de rechazo formal y explícito a la inmigración. El burka es el problema más cómodo de manejar porque es casi imposible encontrar a alguien que sienta afecto por esa prenda infecta, que es una imposición desde el machismo cultural de los hombres integristas islámicos más radicales. Otra vez el PP plantea una ecuación con trampa: si se está en contra de la forma y las medidas que proponen para prohibir el burka, se está a favor de que el burka esté permitido y de la condena que sufren las mujeres que lo llevan. Demasiado elemental en la línea de las técnicas del PP.
Bibiana Aído ha estado acertada en su análisis. Condenar a la mujer que lleva el burka prohibiendo usarlo es dejar en la impunidad a los hombres que lo imponen y amenaza con dejar encerrada en casa a la mujer que no se atreverá a desafiar la prohibición de usarlo. No es una medida para liberar a la mujer ni para combatir el machismo porque la única forma de hacerlo en esta cuestión es arremetiendo contra quienes imponen el burka y no contra las que lo llevan como una obligación de sometimiento impuesto por la fuerza. He escrito un artículo en esta dirección en la agencia Europa Press y aquí pretendo rematar estas reflexiones.
Pretender frivolizar con estos aspectos que tienen tantas aristas no es más que un nuevo gesto de oportunismo electoralista en la misma línea en la que el PP se da el lujo de no blanquear sus propuestas de reforma laboral o de recortes de gasto.
La consigna electoral es clara: jugar con todo lo que no comprometa y de paso desgastar al Gobierno. Si gana el PP nos vamos a enterar de lo que es hacer sacrificios y retroceder en libertades.

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Saramago para siempre

No puedo cambiar ni mi billete ni mis citas de mi viaje a Buenos Aires. Y siento profundamente no poder viajar a Lisboa para despedirme de José Saramago. Pero casi lo prefiero, excepto por darle un abrazo real a Pilar del Río. Ella y José Saramago son para siempre, lo han sido siempre, ” mucho más que dos”.
Ayer, en Hora 25, disfruté mucho desde la profunda tristeza. Larga evocación sentida de la presencia crítica, siempre inteligente y sencilla, del escritor portugués y español y, sobre todo, universal.
No se me ocurre a nadie comparable. No hay sustituto porque la historia está impregnada, en raras ocasiones, de ejemplares únicos: José Saramago lo es.
Más allá del prolijo e inteligente escritor está el intelectual comprometido; y por encima de los dos, el hombre sensible, generoso, honesto, valiente y provocador.
Me quedo con su recuerdo. Me quedo con su mirada picante y punzante que decía con los ojos, un segundo antes que con la palabra, las cosas más brillantes, sinceras, valientes y comprometidas que se han proclamado en nuestros tiempos. No le deseo que descanse en paz porque quiero que siga trabajando para siempre a través de las semillas que germinarán, aunque sea un poquito, en todos los que le admiramos desde el fondo de nuestra alma. Vive siempre, José. Y no cambies nunca.

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José Saramago: una luz brillante en un mundo oscurecido

He tenido el inmenso privilegio de conocer a José Saramago y a su esposa Pilar del Río. He compartido con ellos algunos momentos llenos de inteligencia, de rigor intelectual, de generosidad y de compromiso con la humanidad.
Y hoy se me ha quedado el alma helada con la noticia del fallecimiento de José. Sencillamente él no estará más y nos tendremos que conformar con su obra, que es mucho, un lujo para este mundo desorientado.
Con Pilar del Río me han unido y me seguirán uniendo muchas horas de conversaciones en programas de radio que hemos compartido. Pilar, siempre punta de lanza, coraje -a veces desbordado-, compartiendo con su marido, el maestro, los agotadores viajes para apoyar la causa del Pueblo Palestino, para hurgar en soluciones audaces para un mundo con el que Saramago nunca estuvo conforme, sin decir nunca que no a todas las causas perdidas en las que siempre se involucró.
José Saramago era generoso en su compromiso intelectual; defensor de las causas en las que creía sin importarle nunca razones de conveniencia u oportunidad: su mirada, de una inteligencia pícara y subversiva, era guía siempre de ideas innovadoras, atrevidas y rebeldes.
Hace tan sólo cinco días, mientras yo estaba en Hora 25, Cadena Ser, Pilar me mandó un chat –lo hacía con determinada frecuencia- para apostillar su opinión sobre lo que estábamos discutiendo en el programa. Le pregunté por José y me dijo que estaba malito pero que “vivían cada día como si estuvieran siempre empezando”. Me emocionó.
Le dije que si José estaba animado en el mes de Julio, me encantaría ir a conversar con él a Lanzarote, aunque sólo fuera media hora. Nunca más podré celebrar ese privilegio de un poco de tiempo con uno de los más comprometidos intelectuales que quedan en este mundo oscurecido. José Saramago siempre tendrá un gran hueco en mi memoria. Por encima del escritor brillante y prolífico, siempre estará el hombre dispuesto a navegar en contra de la corriente con un coraje incomparable.
Pilar, te deseo que seas fuerte porque has perdido algo verdaderamente irreparable. Tu consuelo son los años en los que has tenido cada día a José Saramago al alcance de tu mano. Un abrazo abrasador desde el fondo de mi alma herida

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Charo Izquierdo, una profesional competente y respetable

Me ha llamado por teléfono Charo Izquierdo, directora del suplemento dedicado a la mujer de El Mundo, “Yo Dona”, a propósito de la información que facilité en este blog sobre las relaciones de su ex marido, Miguel Barroso, con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su labor de entronización de Pedro J. Ramírez en La Moncloa. Me pide Charo Izquierdo que aclare algunas cosas que, a pesar de que creo que lo están, no tengo reparo alguno en reafirmarlas.
La primera de ellas, que Charo Izquierdo no ha cobrado pensión alguna de su ex marido, Miguel Barroso, y que en los acuerdos de divorcio sólo figura la lógica e inexcusable pensión alimenticia para sus dos hijas comunes. Con mucho gusto doy traslado. Me dice Charo, y le creo, que siempre ha sido una mujer económicamente independiente, y que su vida siempre ha estado basada en su innegable –y para mi- brillante trayectoria profesional, independiente económicamente de su entonces marido. Dicho queda.
Yo afirmé textualmente:
“En aquella época, el secretario de estado de comunicación Miguel Barroso, estaba en trámites de separación y Pedro J. se apresuró a ofrecer un importante contrato de periodista a la que pronto sería ex mujer del asesor de Zapatero. Luego Barroso contraería matrimonio con la actual ministra de Defensa, Carme Chacón. Sin duda, el contrato que ofreció Pedro J. a la ex mujer de Barroso fue un alivio económico para quien se separaba con hijos –me refería, naturalmente, a Barroso- y probablemente le alivió las responsabilidades inherentes a una separación de esas características”. 

NO decía nada de pensión concedida, pero sí es verdad que aseguraba que el contrato podía favorecer que Miguel Barroso tuviera menos obligaciones con su ex mujer. Queda aclarado, por si había dudas, que Charo Izquierdo no recibió pensión alguna de Miguel Barroso.
Charo Izquierdo es una excelente profesional de dilatada experiencia y, según me explicó, accedió al puesto que ocupa en El Mundo por medio de un proceso de selección de personal que realizó una empresa especializada al efecto. No tengo dudas sobre que eso pudo ser así, y tampoco de la forma en la que el director de El Mundo maneja sus intereses y se esfuerza en tratar de crear dependencias o de que lo parezcan. Pero en todo caso, eso no enturbiaría para nada la posición de Charo Izquierdo, que hace un producto periodístico excelente.
Yo aclaraba en mi texto mi ausencia total de prejuicios contra la directora de “Yo Dona”, cuando afirmaba literalmente:
“En un mundo sutil en donde los favores se confunden con los méritos, no seré yo quien discuta la capacidad profesional de la persona contratada, pero lo que no cabe duda es que los favores Pedro J. los cobra. Y además me parece que la persona contratada, una profesional del periodismo competente, hace bien el trabajo que se le encomendó. Ni un pero para ella. Que nadie entienda en esta información que se pone en cuestión la capacidad profesional de la ex mujer de Barroso. Lo que se indica aquí es la largueza de miras del director de El Mundo. Sus páginas están llenas de personas que le tienen que estar agradecidas y eso él -.por el director de El Mundo- lo maneja como nadie”.
En toda esta historia siniestra de tratos de favor, de conexiones entre el director de El Mundo -que consiguió compatibilizar su protagonismo en el descrédito más amoral de las instituciones del Estado con el acercamiento e influencia con el secretario general del PSOE y presidente de Gobierno- Miguel Barroso, no había en mi relato la menor intención de menoscabar el prestigio profesional y personal de Charo Izquierdo, por lo que si pudo generarse alguna duda sobre ello, no tengo el menor inconveniente en aclarar mi punto de vista.
Esta es una historia de conspiraciones, de abusos de poder y de beneficios personales en la que Charo Izquierdo no tiene ninguna responsabilidad. Los hechos se refieren a su ex marido y sus manejos. Naturalmente Charo Izquierdo es una persona para mi muy digna, independientemente de con quien estuviera casada en un momento de su vida.

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La explicación de la inexplicable dependencia psicológica de Zapatero con Pedro J. Ramírez

Hay actitudes que traducen la esencia profunda del alma. Una de ellas es la falta de escrúpulos ante la ética de la conveniencia, por encima de la ética de los principios, de la solidaridad con los tuyos y de la honestidad personal.
El presidente de Gobierno ha terminado en manos de Pedro J. Ramírez, que además presume privada y públicamente de su ascendiente sobre el presidente de Gobierno. Como en tantas ocasiones de la historia de intrigas de este personaje singular del periodismo que se ha hecho millonario manejando la información de acuerdo a sus intereses, ahora está de asesor y psicólogo de cabecera de un presidente del Gobierno que será apuñalado porque es sabido que el escorpión usa el aguijón por la única razón de que lo tiene incorporado a su anatomía.
La historia viene de lejos.
El padre de ese acercamiento, como de tantas ideas peregrinas, es Miguel Barrroso. Un hombre que siempre ha tenido un poderoso ascendente sobre el presidente Zapatero y que forma piña con el clan que durante mucho tiempo se ha reunido los domingos en La Moncloa, para jugar al basket con Zapatero en el verdadero consejo de ministros.
Por aquel entonces, recién llegado José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa, al secretario de estado de comunicación le rondaban dos preocupaciones. La primera, “blanquear televisión española”. Esa es la expresión que utilizó conmigo. La segunda, ampliar el número de licencias de televisión en abierto para adjudicar una al grupo PRISA y la otra a sí mismo, a través de sus pactos y entendimientos con José Luis Contreras, amigo y participante con Barroso en peripecias televisivas y de asesoramiento político. Naturalmente Miguel Barrosos no tiene a su nombre ninguna acción de la empresa propietaria del ese canal de televisión. Faltaría más. (más…)

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Irritación e indignación existen; Los sindicatos no han sabido canalizarlas.

El fracaso objetivo de la huelga de funcionarios es un aviso in extremis para los sindicatos que pueden perder lo que les queda de legitimidad. Hace tiempo que lo sindicatos están burocratizados. Las bajas tasas de afiliación, las subvenciones que reciben y que es lo que les permite mantener sus estructuras, no han colaborado a acercar su labor de interlocución a los trabajadores. Sus coqueteos permanentes con el poder secundando medidas populistas (los cuatrocientos euros) no han aumentado su autoridad.
Una reflexión para el futuro: la preocupación en la calle es más profunda que el significado de apoyar una huelga. Existe miedo al futuro. Y el miedo paraliza.
Hacen falta reflexiones profundas sobre el papel de los sindicatos en el siglo XXI y liderazgos con propuestas de futuro. Si los sindicatos no se ponen las pilas sufrirán una desafección mayor que la de los partidos, si no la tienen ya.
La respuesta tiene que ser ideológica y programática. Como a la socialdemocracia política, lo sindicatos llamados de clase se han quedado sin discurso y eso es demoledor para la sociedad: tienen que medir muy bien sus pasos y no dejarse atrapar por el compromiso ineludible de una huelga general. Un fracaso sería letal.

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El problema de fondo no es sólo el Euro; es el estado del bienestar

Convendría iniciar cuanto antes un debate en el seno de la izquierda sobre las formas en las que se puede defender el estado del bienestar. La Unión Europea se definió por unos parámetros a los que no puede renunciar: democracia política, unificación política de Europa con paulatina cesión de soberanía de los estados para un marco supranacional de estabilidad y mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos a través de los mecanismos de la unificación económica.
Hoy nuestro mundo se tambalea sin que lleguemos a entender lo que está ocurriendo: pero anida cada vez con más fuerza una sospecha: si estuviéramos empleando términos literarios de novela negra, hablaríamos de la venganza de los mercados.Abordo este asunto en un largo artículo publicado hoy en el periódico el plural.
Europa tardará más en encontrar el camino del crecimiento económico porque por primera vez desde el final de la segunda guerra mundial, la Alemania conservadora de las señora Merkel ha pensado en términos de nacionalismo y no de europeísmo. La falta de entendimiento de fondo entre Francia y Alemania, el súper euroescepticismo de Cameron y la falta de líderes sólidos hace que el peligro en que se encuentra el Euro se transforme en un peligro para el modo de vida europeo en donde las socialdemocracias jugaron un rol de vanguardia cuando el comunismo era una amenaza que había que frenar con políticas de bienestar social.
La socialdemocracia está anestesiada si no en coma. Y no hay liderazgos capaces de resucitar una Internacional Socialista que por lo menos funcione como un laboratorio de las ideas. Mientras tanto, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, según nos cuenta Miguel Ángel Aguilar, se ha arrojado en manos de Pedro J. Ramírez como periodita y consejero de cabecera. ¡Apaga y vámonos¡

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El pueblo palestino atrapado entre Estados Unidos y Alemania

El buque Rachel Corrie -que lleva este nombre en memoria de la activista que murió aplastada por una excavadora del ejército de Israel en Gaza, en 2006, cuando intentaba impedir la demolición de una casa Palestina con su propio cuerpo- fue ayer conducido por la fuerza al puerto israelí de Ashdod. Las autoridades de Israel tuvieron el cinismo de afirmar que no había habido violencia porque la actitud de la tripulación fue distinta que en el ataque a la flotilla. Los disparos en la cabeza y por la espalda, las torturas detectadas en las exploraciones médicas de los heridos, ya en territorio turco, hablan claramente de las mentiras de Israel, cuyo aparato de propaganda, empezando por el embajador en Madrid, estaría haciendo el ridículo si no escondiera detrás de estas falsedades una sofisticada maquinaria de matar.
Estos días más que nunca se están demostrando dos cosas.
Primera, que Israel, con su política de desprecio a los derechos humanos y a las leyes internacionales, está perdiendo la batalla de la opinión pública mundial. Un aliado fundamental en la zona, Turquía, ha dejado de serlo; y con la presión de la opinión pública de este país islámico, tiene garantizada la hostilidad del único país de la zona con el que tenía una alianza estratégica. Egipto, de momento, ha tenido que abrir el paso de Rafá y tendrá dificultades para mantener el bloqueo de Gaza desde su territorio. La soledad de Israel sólo está acompañada por Estados Unidos y por una Unión Europea pasiva y esclerotizada que cada vez pinta menos en el mundo.
Segunda: no habrá cambios en la política de Israel de bloquear cualquier intento de negociación que conduzca a la constitución del estado palestino y a garantizar la seguridad del estado de Israel mientras no se produzca un giro en la percepción del problema de la opinión pública norteamericana sobre este conflicto.
Estados Unidos tiene dos aspectos de su política exterior prisioneros de intereses electorales. La solución del contencioso con Cuba y la política sobre el conflicto palestino israelí.
En el primero de los casos, la administración Obama ha dado pasos interesantes y emitido algunos mensajes novedosos con respecto a los nueve presidentes estadounidenses que se han enfrentado con Fidel Castro, fracasando en todos los frentes: desde el bloqueo económico hasta el apoyo e impulso de acciones de guerra y actos terroristas contra intereses y personas cubanas. Cincuenta años de fracasos dan para una reflexión. Y los resultados del Partido demócrata en La Florida le han permitido a Barack Obama un giro en el enfoque del conflicto con Cuba. Estados Unidos ha pedido gestos a Cuba y de momento, los más esperanzadores, son el papel que está jugando la Iglesia Católica cubana en la mediación sobre la situación de los presos que tienen motivaciones políticas. Es un camino abierto en el que todavía no hay resoluciones dignas de consideración. Poro lo importante es que se ha detectado ya que el lobby más radical de cubanoamericanos no tiene la capacidad en la actualidad para secuestrar totalmente la política norteamericana hacia Cuba.
En el asunto de Israel las cosas son diferentes. Por un lado, los poderosos lobbys judíos norteamericanos tienen sincronizada al milímetro sus posiciones con el gobierno de Israel. La respuesta de los judíos norteamericanos organizados es de incondicionalidad absoluta con Israel por muy bárbaras que sean sus actuaciones.
Barak Obama ha hecho algunos ensayos de distanciamiento, pero tímidos y limitados. El primero, la respuesta al anuncio de construcción de nuevos asentamientos dentro de la parte árabe de Jerusalén estando el vicepresidente Josep Biden en Israel. La respuesta norteamericana fue de una dureza desconocida hasta esa fecha y provocó unas tenues disculpas del gobierno de Tel Aviv, sólo en lo que concernía a la inoportunidad del anuncio estando el número dos de la administración norteamericana en Israel.
Y la segunda ha sido la suspensión de la visita programada de Benjamín Netanyahu a Washington, cuando ya se encontraba en Canadá, con motivo del asalto a la flotilla humanitaria.
Pero la reacción norteamericana ha sido tenue, lamentando las víctimas pero sin condenar la acción de Israel; un reflejo de la posición del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
El giro en la opinión pública norteamericana es complejo y difícil. En primer lugar por los argumentos ya expuestos del poderío de los lobbys judíos, cuya influencia en las campañas electorales y su poder en los medios de comunicación son muy fuertes. Pero además, el mundo islámico goza de grandes prejuicios en la sociedad norteamericana incrementados con el ataque a las Torres Gemelas, y la percepción de los ciudadanos de que sus amenazas exteriores provienen de un mundo en el que no les resulta fácil discernir entre los países, salvo aquellos que son aliados explícitos de Washington, como es el caso de Arabia Saudí, Kuwait y hasta ahora Turquía, miembro de la OTAN. La acusación de organización terrorista a Hamás es una vía de complejidad para la percepción norteamericana de la situación en Palestina.
En la medida que Israel se reafirme en la brutalidad de sus conductas hacia Palestina y en su obcecación con seguir ocupando y expandiendo su presencia en los territorios ocupados se producirá un lento avance en la conocimiento de los ciudadanos norteamericanos del problema: pero que nadie espere milagros. De momento hay presiones norteamericanas para que se levante el ilegal bloqueo a Gaza, pero de ahí a que se produzca hay un enorme camino.
Y por último, la Unión Europea está secuestrada por su propia inoperancia, por el nombramiento de Tony Blair –quemado como interlocutor por su posición en la guerra de Irak- como encargado de gestionar el conflicto árabe palestino y por la actitud de Alemania de incondicionalidad con todos los asuntos relacionados con Israel.
Alemania tiene un enorme problema de culpa con Israel, porque aunque los actuales alemanes no tengan que ver directamente con la barbarie del Holocausto, las heridas de la historia tardan en curarse generaciones. De esa manera, cualquier actitud crítica de la Unión Europea hacia Israel es inmediatamente congelada por la política alemana. Otra vez el Holocausto proporciona patente de corso a Israel desde otro ángulo, esta vez muy concreto, de la política exterior alemana y de la Unión.
Los demás países de la Unión Europea tienen que empezar a exigir a Alemania que tenga autonomía en su percepción del problema palestino. Ocurre además en un momento en que Alemania ha preferido fomentar los nacionalismos en vez de ser el impulsor y principal financiador del proyecto europeo. Esa posición histórica de Alemania –de ser vanguardia en las políticas de impulso de la Unión Europea- ha finalizado con la llegada de Ángela Merkel. En justa contraposición, los complejos de los demás países ante la generosidad económica alemana debieran también amortiguarse.
Si se avanza en la posición crítica de la Unión Europea hacia los abusos de Israel y se producen cambios sustantivos en la opinión pública norteamericana, el problema podrá tener una esperanza de solución. Si seguimos igual, el avance será lento y a costa del genocidio que Israel está llevando a cabo con el pueblo palestino antes la indiferencia de los estados. Pero la opinión pública mundial avanza en su desprecio hacia Israel, lo cual también convoca al peligro de que se distorsione la necesidad de una paz justa que garantice los derechos del estado hebreo y del palestino. Los judíos no son el problema; ellos merecen el apoyo a una posición de seguridad que defienda su derecho a un estado y a un territorio: el problema son sus gobernantes. Eso no puede perderse de vista para no caer una vez más en la terrible querencia de la historia hacia el antisemitismo.

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El comienzo del fin de la impunidad de Israel

George Steiner , uno de los más lúcidos intelectuales de la segunda mitad del siglo XX, desde su condición de judío e hijo y nieto de judíos ilustrados que tuvieron que emigrar a Estados Unidos para huir de la barbarie nazi, manifestó que no era partidario de constituir el Estado de Israel en el lugar que ocupa porque no estaba dispuesto a hacer las cosas que serían necesarias para defenderlo. Puede que en este momento no haya un intelectual judío con más prestigio y lucidez que Steiner.
También hay una cita espléndida del mismo ensayista y crítico de arte: “Este Estado de Israel torturará otros seres humanos. Deberá hacerlo para sobrevivir. (…) Pero durante veinte siglos, en nuestra debilidad de víctimas, tuvimos la actitud supremamente aristocrática de no torturar a los demás. Este ha sido nuestro gran patrimonio “.
Es cierto que la admiración que siento por el pueblo judío radica fundamentalmente en la capacidad que en la historia han tenido para la vanguardia del pensamiento, para la ciencia, para la filosofía y para la innovación. Y la empatía con las víctimas se está transformando en desprecio por los dirigentes que se han convertido en verdugos.
Su condición de víctimas históricas, con el remate abominable del Holocausto, reunía la condición necesaria para que la admiración se alimentara de una simpatía y predisposición para la defensa de sus intereses y sus derechos históricos. Hoy día todo eso se está evaporando a velocidad de vértigo: el desprecio y el odio hacia Israel se extiende por el mundo sin que pueda ser contrapesado ya por el inmenso aparato de propaganda y por los lobbys económicos que se han instalado en Estados Unidos y tienen sus ramales por todo el planeta.
La desfachatez y el desparpajo de las declaraciones del primer ministro de Israel y del ministro de Defensa felicitando a los soldados que participaron en los crímenes del asalto a la flotilla humanitaria promueven el más absoluto de los desprecio. La mentira de que había armas a bordo y terroristas se cae por su propio peso desde el momento en que las autoridades israelíes no han formulado una sola acusación concreta contra ninguna de las personas detenidas ilegalmente en aguas internacionales y conducidas a la fuerza a territorio israelí para ser acusadas de ¡¡¡¡ “inmigración ilegal”¡¡¡.
Hasta hace poco tiempo, la argumentación de que el Holocausto y la memoria de sus víctimas no daba patente de corso a las autoridades de Tel Aviv provocaba una reacción fulminante del llamado observatorio contra el antisemitismo. Allí hay un catalogo actualizado de todo lo que el estado de Israel considera antisionismo para conseguir la impunidad de sus acciones. Cualquier crítica a las actuaciones del estado de Israel es considerada antisemitismo. Fui uno de los primeros en utilizar ese razonamiento en un artículo titulado “La fecha de caducidad del Holocausto” en el que me refería a los plazos en que la impunidad de Israel se podía sustentar en el sufrimiento de este pueblo a lo largo de la historia, y muy especialmente en el más execrable crimen contra la humanidad que fue el exterminio que programaron y ejecutaron los nazis.
Ahora Israel ha perdido una batalla importante porque esa ecuación entre el rol de víctimas transformados en verdugos está universalizada desde que José Saramago la empleo. Los dirigentes de Israel están nerviosos porque están perdiendo la batalla de la propaganda: ahora la imagen del terrorismo de estado se sobrepone a la descalificación histórica del pueblo palestino por los crímenes y los atentados terroristas de alguna de sus organizaciones.
El bloqueo de Gaza es ilegítimo, ilegal e inhumano. El Papa se ha referido a él, al igual que el primer ministro Inglés David Cámeron. La ola de descalificación de la barbarie Israelí desborda los muros de impunidad que le proporciona Estados Unidos, el Consejo General de la ONU y la memoria dolorosa de Alemania que no tiene libertad para realizar una política que trate a Israel como un estado que tiene que cumplir con sus obligaciones y las normas del derecho internacional.
Son pequeños pasos en la decadencia de este Israel sin respeto a la ley. Y habrá que estar atentos a su tentación de una huída para delante. ¿Quién asegura que quienes son capaces de sacar pecho ante la violación del derecho internacional, el abordaje corsario en aguas internacionales y el asesinato a sangre fría de nueve personas desarmadas no son capaces de un ataque nuclear a Irán?
Estados Unidos, en el supuesto caso de que quisiera, no podría contener un ataque nuclear israelí a Irán. Y esa puede ser la respuesta de un país que se encuentra cómodo enfrentado al mundo al que acusa de hipocresía. Tenemos que estar preparados para lo peor pero tenemos que reanudar nuestra posición crítica a la barbarie de Israel. Ese es un compromiso intelectual ineludible y quien lo soslaye o lo camufle con argumentaciones equidistantes sólo está confesando su cobardía ante la poderosa máquina de Israel o su dependencia de un aparato de propaganda poderoso y formidable.

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Apuntes a vuelapluma

Israel prohibe la entrada en Gaza a diputados españoles o cómo evitar que se conozca el genocidio

Ahora no ha sido la flotilla que trataba de llevar ayuda humanitaria a Gaza: sencillamente se les ha negado la entrada a cuatro diputados españoles que viajaban al amparo de la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados (UNRWA). La explicación dada es sencillamente increíble:“Les hemos dicho, que nos hemos dado cuenta de que cada vez que políticos o ministros entran en Gaza, Hamás aprovecha para manipular la visita y hacer creer que se trata de un acto de legitimación y reconocimiento por parte de la comunidad internacional. Por eso hemos decidido no permitirles la entrada”.
El embajador de Israel en España, el súper activo agiprop del sionismo, señor Raphael Schutz, estará encantado, en los próximos días, de explicar cómo cuidan la mente de los diputados españoles para protegerlos de las intoxicaciones de Hamás en un alarde de cómo entienden la libertad de circulación de las personas, la confianza en el criterio de representantes de la soberanía popular de los españoles y el concepto que tiene el estado de Israel de la censura para ocultar la situación criminal que aplica en Gaza. Cada día se buscan nuevos amigos.

Buenos candidatos o malos partidos

La alarma ha saltado de nuevo en Madrid y en esta ocasión quien la ha encendido ha sido el presidente del PSOE, Manuel Chaves, para no tensar la cuerda entre José Blanco y Tomás Gómez. El PSOE considera que el secretario general de los socialistas madrileños no es un buen candidato para presentar batalla al PP en la comunidad de Madrid. La publicidad de estos desencuentros y de esta valoración negativa de las posibilidades de Gómez tienen que hacer las delicias de Esperanza Aguirre.
Todo ocurre por considerar la política como marketing y no como un instrumentó global para mejorar la vida de los ciudadanos. El PSOE hace mucho tiempo que dejó de ser un partido para convertirse en una maquinaria para llegar al poder. Madrid es uno de sus agujeros negros, como el País Valenciano, Murcia o Castilla-León, donde sus posibilidades de ganar aparecen muy lejanas.
Zapatero, tan amigo de sacar conejos de su chistera, se inventó a Miguel Sebastián para la alcaldía de Madrid: el fracaso vino acompañado del bochorno, porque al peor resultado de la historia del PSOE en la capital de España sucedió la espantada de Sebastian que en su condición de independiente no ha nacido para gestionar la oposición. Fue premiado con un ministerio en el que todavía está, pero bastante inédito.
Luego se puso la moda de los independientes: Bernat Soria, Mariano Fernández Bermejo, Cesar Antonio Molina. En su condición de independientes fueron colocados como paracaidistas en la cabeza de listas electorales que no dieron resultados sorprendentes. Al poco tiempo, cuando los ministros dejaron de serlo, también abandonaron su escaño porque se volvió a demostrar que quien está en política para figurar no puede hacer el trabajo oscuro desde un escaño.
El problema no es de buenos o malos candidatos sino de buenas o malas organizaciones del partido. De un trabajo serio y constante en la oposición para sembrar las cosechas futuras del éxito. Pero en el PSOE se han acostumbrado a dos cosas nefastas: con la excepción del País Vasco, un partido que nunca había sido nacionalista se alío con el BNG en Galicia y formó parte del tripartito en Cataluña: de Galicia ya ha salido escaldado; ahora falta saber cuantos años de oposición les esperan al PSC. Todo ocurre cuando un partido pierde sus esencias ideológicas y cuando la organización solo es el envoltorio del marketing. Los candidatos tienen que ser la consecuencia del partido. Y no al revés.

Bibiana Aído se confiesa y convence

Es una entrevista de Bena González Harbour y María R Sahuquillo, en el dairio El País a Bibiana Aído que no tiene desperdicio: desde el principio hasta el final destila coherencia y sentido político; eso que hoy tanto se echa en falta en lo líderes políticos de todas las latitudes.
No evita ninguna cuestión, desde el coste económico del Ministerio de Igualdad hasta los burdos ataques de la derecha más recalcitrante que se han cebado en ella desde el primer día que llegó al Consejo de Ministros. En esa larga entrevista, la Ministra de Igualdad defiende su gestión, analiza el crecimiento de la violencia de género en España y las consecuencias de la nueva Ley de Interrupción voluntaria del embarazo que tiene cómo objetivo disminuir en número de embarazos no deseados y defender los derechos de la mujer frente a una derecha que quiere reeditar el debate de hace veinticinco años. Absolutamente recomendable.

El éxito y sus términos

Pasar de la euforia a la depresión o viceversa, en función de un acontecimiento concreto, es un fenómeno típico de las sociedades inseguras y poco codificadas. Acaba de ocurrir en Argentina. La selección de Maradona entusiasmo mientras despachaba a sus tres primeros rivales: la sociedad entera proclamo una superioridad casi racial de fútbol argentino hasta que una Alemania solamente ordenada dejó en evidencia el individualismo y la falta de sistema de la selección de Maradona. Luego el llanto continuo, que es una herencia trufada de los antecedentes italianos y españoles sin terminar de digerir la herencia psicoanalítica de los judíos centro europeos que conforman sociológicamente la República Argentina, siempre buscando sus origenes y siempre sufriendo una nueva decepción. ¿Eso nos recuerda algo a nostros?

Ahora los españoles de todas las latitudes estamos presos de la euforia, todavía razonable, de alcanzar por primera vez en la historia una final de la copa del mundo de fútbol. Es casi más importante el método que el resultado mismo, porque tiene que ver con una joven generación de futbolistas educados en el trabajo en equipo, en el sacrificio colectivo y en el afán de perfección. Valores que en la España de la decadencia de esta profunda crisis más que económica son cada vez más inéditos.

Las euforias, todas la euforias, tienen anhídrido carbónico: se evaporan en cuanto la botella lleva un tiempo abierta, como las gaseosas. Lo sostenible es un camino abierto por un puñado de deportistas españoles como Rafael Nadal, Fernando Alonso, los componentes de La Roja y algunos más, que independientemente de sus generosas gratificaciones, marcan el camino del esfuerzo individual y colectivo y el trabajo bien hecho cada día como meta.

Eso también se llama patriotismo: porque identifica valores democráticos y de progreso con un sentido de pertenencia a la nación. Y si lográramos que en vez de ser una pulsión instantánea fuera el modesto comienzo de un camino de reconversión de España habríamos acabado con el fatalismo que se inició hace cuatrocientos años y que todavía no ha encontrado su suelo. Se trata simplemente de armar una patria de valores constitucionales y democráticos en donde el trabajo, las libertades, la solidaridad y el sentido de lo colectivo sean capaces de armar muchas más cosas que una maravillosa selección de fútbol. Naturalmente desde la España de las autonomía. (artículo distribuido por Europa Press)

Los derechos y la dignidad de la mujer ante todo

La entrada en vigor de la nueva ley de interrupción del embarazo ha permitido observar conductas obscenas en quienes pretenden envolverse en valores morales. El desprecio a los derechos de la mujer se adoba en pláticas supuestamente morales en quienes pretenden condicionar la vida civil a los dictados de la Iglesia: lo mismo que ocurre en los países islamistas donde la religión tiene efectos civiles.
La vieja y rancia derecha española, en cuya vanguardia se sitúa el Partido Popular, ha pretendido reavivar y reproducir un debate que se celebró en toda Europa hace más de sesenta años y en España hace veinticinco: el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y, en consecuencia, a interrumpir su embarazo en algunos casos y ahora en algunos plazos.
El debate manipulador de la derecha mezcla discusiones de la antigua ley y de la nueva en cócteles electoralistas servidos con total manipulación.
Enumeremos algunos. Primero, si lo que se objeta son los derechos del nascituros o lo que es lo mismo, la prohibición total del aborto por primar la pretendida defensa del feto desde la fecundación, ¿qué hizo el PP y la Iglesia Católica en todos los años en los que este partido estuvo en el gobierno sin tomar medida alguna sobre aspectos que resultan fundamentales cuando gobierna el PSOE?
Segundo: la ley anterior, vigente durante los gobiernos de Aznar, era mucho más permisiva, y al no establecer plazos ni obligatoriedad de informar a las mujeres embarazadas de las ayudas económicas y psicológicas para proseguir con su embarazos, abría mucho más el abanico a la expectativa de abortar sin manifestar tan decididamente como la nueva ley la disminución de abortos como objetivo político. La nueva ley establece muchas más garantías para potenciar la disminución de embarazos no deseados y de interrupción de los mismos.
Por último, y no por ello menos importante, las declaraciones continuas de los dirigentes del PP y de algunos de sus representantes autonómicos, poniendo trabas -incluso ilegales- a la aplicación de una ley de las Cortes Generales, no hacen sino criminalizar a las mujeres que toman la opción de interrumpir su embarazo, llegando al extremo de condenarles a una emigración clínica a otras comunidades, que recuerda la etapa de dictadura felizmente superada cuando las mujeres españolas tenían que viajar clandestinamente al extranjero para interrumpir su gestación. Una vez más demuestra la derecha española el respeto que tiene por la dignidad de la mujer y lo dispuestos que están a interrumpir el proceso de igualdad de género en el que estamos comprometidos todos los demócratas.

A propósito de mis patrias y mi deseo de no morir ni matar por ninguna (respuesta a J M García P)

Distinguido amigo: esa manifestación de no estar dispuesto a matar o morir por ninguna patria es la exaltación del deseo de que el entendimiento nos guíe en la convivencia. Naturalmente que al final de un camino de agresión está la violencia legítima y el riesgo de la propia vida. Usted me lo pregunta y yo le contesto: si colaboré en la lucha contra la dictadura y no exagero si en algunos momentos determinados arriesgué mi propia vida.
Creo en el patriotismo de los valores constitucionales, de la república en sentido democrático como definición de un estado de derecho en el que los actos tienen siempre la garantía de que se conocen previamente sus consecuencias. Creo que todos tenemos los mismos derechos. Odio el racismo, la xenofobia y el machismo. Y la igualdad republicana es la verdadera patria. Y en ese sentido, mi patria es la solidaridad, la igualdad y la tolerancia.
Esa frase sobre “matar o morir” es la expresión de un deseo profundo y más literaria y ritual que exacta, significa que la exaltación del compromiso con la muerte que siempre ha hecho la derecha -la expresión más absurda es el grito de ¡viva la muerte¡ como lema de la Legión- es lo que quiero combatir con la afirmación de que no estoy dispuesto a matar ni a morir por ninguna de mis patrias: hay una que siempre estará excluida, la humanidad como síntesis de todas las pertenencias. Por esa merece la pena todo.
Muchas gracias por su comentario.

De nuevo en Buenos Aires

Buenos Aires tiene para mi una atracción poliédrica basada sobre todo en sus contradicciones. Es una ciudad americana que quisiera ser europea y, al mismo tiempo, es avanzadilla europea en América Latina. Su puerto, que es la gran esencia ignorada de esta ciudad, le permitió existir y es una ventana abierta al mundo por la que se ventila y circula sobre todo la cultura. Su clase dirigente -los ricos y los caciques, que siempre son, además ricos- es insoportable; pero eso es una constante no sólo de este continente. Pero en Buenos Aires circula la palabra como en ningún otro lugar del mundo; y siempre ocurre en busca de una explicación razonable sobre asuntos que si no son complejos terminan por adoptar esa condición. La levedad es sinónimo de mal gusto e incultura. Eso me satisface.
Siento paz en Buenos Aires donde tengo amigos nuevos que ya parecen viejos. Y es fácil establecer nuevas relaciones si la palabra se acomoda al uso que aquí se hace de ella. El verbo, en Buenos Aires, se puede hacer carne.
Es una pena que la política sea tan desconsiderada con los ciudadanos: herencia española e italiana. Caudillos nuevos que parecen también viejos. Sólo son insoportables, de verdad, las terribles desigualdades: aquí son más evidentes porque la potencialidad de esta nación es considerable.
Los argentinos intuyen que aman a La Argentina, pero no saben quererla con talento: y sería tan fácil hacer de este país un inmenso orgullo continental.
Me siento bien en La Argentina, que ya he adoptado como una de mis patrias: no estoy dispuesto a morir ni a matar por ninguna de ellas; y eso, sin duda, me conferirá la condición de traidor para muchos falsos patriotas. Eso también me satisface.

La radio en la Universidad Menendez Pelayo (Santander)

Las coincidencias existen y además se manifiestan. La Audiencia Provincial de Madrid corrigió un disparate judicial de otro juzgado, y absolvió a Daniel Anido y a Rodolfo Irago -director general y director de informativos de la Cadena Ser- de un inexistente delito referido a la publicación de una lista de supuestos militantes del PP. Ese mismo día se celebró un curso en la Universidad Menéndez Pelayo sobre la radio y la libertad de expresión.
No soy objetivo porque la radio es una de mis más profundas pasiones: confesaré algo, a riesgo de que se enteren quienes me tienen contratado, la Cadena Ser: para mi, asistir a los programas de Hora 25 y de La Ventana no sólo no supone esfuerzo alguno, sino que es uno de lo momentos más placenteros del día.
Las endocrinas que se liberan cuando uno dice lo que piensa siendo capaz de pensar lo que dice, no tienen comparación.
Y los alumnos del curso, creo, fueron capaces de intuirlo.

Socialistas viejos y socialistas nuevos

Felipe González sigue teniendo un magnetismo casi adolescente: su magia es todavía un reflejo de la del Congreso de Suresnes; muchos fanáticos de Zapatero no han leído la reciente historia del PSOE cuando los jóvenes Felipe, Alfonso, Enrique (Múgica), y Txiki (líder de las juventudes) refundaron el partido frente al inmovilismo del exterior. Pero entonces no marginaron a los viejos socialistas de entonces. Ramón Rubial fue presidente del partido hasta su fallecimiento entre el respeto de todos.
La foto del centenario parlamentario de Pablo Iglesias fue balsámico para el presidente del Gobierno; la comparación entre el discurso de Felipe y el suyo, demoledora para el inquilino de La Moncloa: sus lugares comunes se remitieron al mensaje de que no había depresión en las filas socialistas. Otra vez sordo y ciego: la depresión es absoluta.
Resucitar un partido requiere algo más que un milagro; Lázaro anduvo porque había bases contractuales para un milagro entre Jesucristo y sus compromisos evangélicos; para que el PSOE se levante y ande tiene que recuperar la autoestima y quitarse el sometimiento al césar de León.
Ahora que Alemania ha anunciado su recorte de gastos, José Luis Rodríguez Zapatero ha recuperado su pretensión de inhabilidad acrecentada por la visita al Vaticano. ¿Por qué la foto con un Silvio Berlusconi en el momento más autoritario de su carrera política? Misterios de la agenda monclovita.
Si el cónclave de los viejos y los nuevos socialistas es sólo para hacerse una foto, su efecto esotérico durará muy poco porque la propaganda dura lo que tarda en volver la realidad: un instante.
El PSOE, en el centenario parlamentario de Pablo Iglesias casi necesita una refundación sobre los viejos valores de la dialéctica entre pensamientos dispares en la forma de interpretar el socialismo. El monismo político de carácter conceptualmente estalinista –sin violencia, sin doctor Beria, sin ejecuciones, pero conceptualmente autoritario y caprichoso en la forma de elegir los colaboradores ungidos para el contacto con el líder- es una deriva de la personalidad de Zapatero: un superviviente político a costa de eliminar a cualquier adversario en quien entiende la discrepancia como un acto de indisciplina y de deslealtad. Nada nuevo.
(artículo distribuido por Europa Press)

La profunda indignación sobre la impunidad de Israel

Más de una docena de muertos: pacifistas de distintos países, miembros de ONGs que llevaban ayuda humanitaria a Palestina; un país condenado a un lento genocidio ante los ojos pasivos del mundo. Hay un observatorio internacional del antisionismo que me sigue los pasos. Pretenden que cualquier comparación con el Holocausto es una ofensa a las víctimas de aquel horror. Falso: quienes ofenden la memoria de la Shoah son los líderes de Israel que sistemáticamente demuestran que su pasado, la memoria del sufrimiento y exterminio de millones de judíos, les confiere patente de corso para asesinar, torturar e impedir las mínimas condiciones de vida del pueblo palestino. No están sujetos al derecho internacional y ordenan a su ejército, uno de los más sofisticados del mundo, asesinar a personas indefensas. No se dan cuenta de que la impunidad siempre tiene un límite y al final pagarán su culpa estos verdugos.

Moción de confianza imprescindible (artículo difundido el domingo día 30 de mayo por la agencia Europa Press)

Diga lo que diga la deficiente maquinaria de información y de propaganda de La Moncloa, la moción de confianza es imprescindible para convalidar la legitimidad de gobierno del PSOE; digo del partido y no del presidente, porque a estas alturas una opción a considerar sería la presentación de un candidato alternativo –entonces la moción de confianza tendría que ser sustituida por un acto de investidura- que encarase el final de la legislatura en la convicción de que no es éste un buen escenario para elecciones generales.
Lo razonable sería un pacto con PNV y CiU que garantizase la estabilidad parlamentaria de gobierno y que incluyera algunos ministros de estos dos partidos en un acción que pudiera entenderse de salvación nacional, en unas circunstancias excepcionales y extraordinariamente difíciles. No sirve para nada cerrar los ojos ante lo que está ocurriendo, sobre todo porque el camino a la normalización –y mucho menos a la recuperación económica- no está garantizado.
Los mercados no tienen otra motivación que las ganancias y la seguridad de sus inversiones: para los dos objetivos, la credibilidad y la confianza en que quien recibe los prestamos podrá devolverlos, es básica. Y no tenemos certeza de que los actos de gobierno hayan sido suficientes para recuperar el crédito. Una parte muy sustantiva de la confianza es en los equipos y las personas. Y el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero –empezando por el equipo económico que encabeza Elena Salgado- tienen un deterioro de su credibilidad que les hace irrecuperables.
Hay tiempo todavía para una negociación con CiU que ha dado una vez más ejemplo de responsabilidad y de hacer política de estado. Josep Antoni Durán y Lleida sería un excelente ministro de Exteriores y hay personas capaces en la dirección de CiU para formar parte de ese gobierno de transición. El PNV sería un añadido muy saludable porque además esta composición evidenciaría la falta de colaboración patriótica del PP.
El orgullo, y quizá la prepotencia y la soberbia, del presidente Zapatero ha sufrido un cepillado de carpintero con los últimos acontecimientos. Tal vez este aterrizaje desde su condición de Peter Pan a la de adulto responsable haya sido traumática. Le pasó a San Pablo cuando se cayó del Caballo. Veremos si le da de sí para una reflexión profunda, lejos de su habitual voluntarismo.

El PP y su irresponsabilidad histórica; una reedición corregida y aumentada del referéndum de la OTAN (articulo publicado en El Plural.com)

Son incapaces de ningún gesto de grandeza pero tampoco aprovechan ninguna oportunidad para hacerse un lavado de cara. Mariano Rajoy ha tenido varias ocasiones para dar un abrazo del oso al Gobierno. Pero no les llega para esos discernimientos. Me explicaré.
La irresponsabilidad de poner al Gobierno y a España al borde del caos financiero se ha ventilado con la diferencia de un solo voto. Si ayer se hubiera perdido la votación en el Congreso, la pendiente de deslizamiento de la economía española a través del caos en los mercados hubiera sido difícilmente recuperable. Cualquier eventualidad, una equivocación o una ausencia, hubiera provocado no sólo la caída del Gobierno sino el caos económico en España, la desconfianza internacional y una situación probablemente límite. Y ha sido CiU, una vez más, quien ha dado muestras de sentido de estado por encima de la posición del PP. Se puede decir sin exagerar que la abstención de CiU ha salvado a España de una situación extraordinariamente difícil. Y eso ha sido conciliable con un discurso extraordinariamente duro, brillante y respetuoso de Josep Antoni Durán y LLeida. El brillante político nacionalista catalán ha vuelto a demostrar que para mantener las posiciones propias no hace falta poner en peligro la estabilidad de las instituciones.
No es la primera vez, ni será la última en la que el PP se retrate de esa manera y siembre la certeza de que no es un partido preparado para ser alternativa de gobierno porque siempre pone la erosión del ejecutivo y sus propios intereses por encima de los del país.
Ya ocurrió con el referéndum de la OTAN. Hay algunos paralelismos interesantes. Entonces, cuando Felipe González llegó al Gobierno y abrió la caja fuerte de la gobernación del estado, se dio cuenta de que había dos metas imposibles de soslayar para la supervivencia de la democracia en España frente a las amenazas golpistas: el ingreso en la Unión Europea y en la OTAN. Eran imposibles de disociar, porque estaban convoyados ambos objetivos en un apareamiento irrompible: para entrar en la Unión Europea era imprescindible desdecirse en la promesa electoral de salir de la OTAN.
Una pirueta dramática que tuvo que hacer Felipe González tiene cierta semejanza con la que ha tenido que hacer el presidente Zapatero.
El referéndum estuvo en todo momento amenazado por la posición de Manuel Fraga, que promovió la abstención de Alianza Popular. Muchos analistas europeos determinaron entonces que Manuel Fraga nunca sería presidente del gobierno de España porque su actitud le promovió un aislamiento internacional de todos los líderes occidentales que juzgaron con severidad lo que consideraron un gesto irresponsable.
Hoy el PP ha vuelto a demostrar su falta de sentido de estado, como lo hizo con la oposición frontal a la política antiterrorista del Gobierno en la primera legislatura, como lo hizo con su política con respecto al atentado del 11-M. Mariano Rajoy está marcado en negativo por todos los líderes europeos. El mayor reactivo del electorado socialista volverá a ser el miedo a que esta derecha reaccionaria y antipatriótica pueda llegar a gobernar en España.
Lo mejor que podría ocurrir sería un acuerdo de fondo, serio y sólido, del PSOE con CiU, sin descartar el ofrecimiento para que entrara a formar parte del Gobierno, y una moción de confianza de José Luis Rodríguez Zapatero o de otro candidato socialista, para encarar lo que quede de legislatura alejando el fantasma de unas elecciones anticipadas que en este momento generarían una gran inestabilidad.

ETA, el final de los duros y las intrigas de Mayor Oreja

Hay una ecuación que no falla: los asesinos de ETA, todos, terminan en un oscuro calabazo para pasar a prisión. Ha sucedido con los que mataron a sangre fría a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero en las afueras de Capbretón, en las Landas francesas. Ya no queda en libertad ninguno de los etarras que participaron en ese crimen. Ese mensaje, sin duda, es también nítidamente captado por etarras que están todavía en libertad.
Ahora se produce una conjunción astral basada en los aciertos del ministerio del Interior en la que prácticamente todos los jefes duros de ETA, los que apuestan siempre por seguir matando, están en el talego. Todavía hay que esperar para averiguar quien cogerá el relevo del último jefe militar de ETA, Mikel Kabikoitz Karrera Sarobe, Ata, y de Arkaitz Agirregabiria del Barrio, quien estaba llamado a sucederle y es sospechoso del asesinato de un gendarme francés en las afueras de París cuando trataban de robar coches para realizar atentados.
Y esa conjunción facilita que los miembros del entorno de la banda terrorista que se han percatado de que la derrota policial de ETA es inevitable y apuestan por la liquidación de la violencia, tomen más fuerza en el conglomerado de eso que se llama “izquierda abertzale”.
Frente a las interpretaciones mezquinas, obscenas y miserables que encabeza el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, hay una realidad que se impone: si existiera un proceso negociador no sería razonable el empeño con el que el Ministerio de Interior dirige sus fuerzas contra el corazón de ETA. Pero claro, la interpretación torticera define que se detiene a los duros para dar cancha a los blandos.
No creo que nadie que tenga solvencia ética pueda enojarse que caigan antes los duros que los blandos, en el supuesto que tal decisión simplista, tuviera cabida en un análisis desinteresado.
Si toman el mando de ETA quienes quieren rendirse, será sin duda una buena noticia. Una rendición, un desistimiento, no tiene que ser producto necesariamente de una negociación: cuando el enemigo está agotado, no espera refuerzos y se queda sin munición solo le queda la elección entre la rendición y la muerte. A nadie se le ocurriría, en esas circunstancias, acusar a quien está victorioso de debilidad ante el enemigo. Sólo a Jaime Mayor Oreja que tiene todo los méritos para ser consagrado como el político más oportunista, irresponsable y miserable de la democracia española: llegó a decir que el presidente del Gobierno constitucional y ETA compartían los objetivos de debilitar a España. Incomprensiblemente este político ultraconservador sigue en activo, sigue siendo eurodiputado del PP y no ha sido desautorizado por su partido.
Todo ocurre porque hay un escenario que horroriza a Mayor Oreja y a quienes dirigen el PP: que una eventual rendición de ETA, que ésta organización terrorista anuncie su disolución y el cese de sus actividades terroristas pudiera ser el balón de oxigeno para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Entonces, en ese supuesto, la pregunta obligada es:¿prefieren ustedes una derrota de Zapatero que el final de la violencia terrorista sin negociación política, por la vía del acoso policial y del desistimiento de los etarras? Ese es el rumbo de la política marcada por el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y, salvo que alguien demuestre lo contario, es impecable.

Garzón, ¿el último exiliado del franquismo?

A los que necesitan un salvador siempre hay que recordarles que estos siempre se convierten en tiranos. Los hombres providenciales, por el hecho de serlo, necesitan fanáticos seguidores y estos, normalmente huérfanos de un proyecto de futuro, siguen a un líder carismático para que les ilumine en la resolución de los problemas que ellos mismos no son capaces de enfocar. Acaban siendo monaguillos.
Ahora alguien ha tenido la ocurrencia de afirmar que “Garzón es el último exiliado del franquismo”. El magistrado tenía ya casi todos los títulos; sólo le faltaba este. Exiliado del franquismo en la democracia española. Los que le bailen el aire a quienes hacen estas afirmaciones tienen algunos problemas sin resolver. Número uno, un gobierno socialista permite que haya exiliados del franquismo en el país en donde han accedido al poder democráticamente. Mal final, este de Zapatero, que gobierna un país en donde el franquismo puede mover al exilio. Número dos: entonces ya se ha institucionalizado que el Tribunal Supremo es el heredero actual de franquismo y que “el acoso” y la persecución a Garzón es un acto franquista que ha obligado al juez a exiliarse. Convendría ser un poco más serios en todo este asunto.
Garzón tiene todo el derecho a defenderse como considere. . Es legítima su decisión de poner tierra por medio, tiene todo el derecho a tratar de impedir su suspensión como juez –que no es una medida de castigo, sino algo elemental para apartar de la función jurisdiccional a quien está inmerso en un proceso penal- y tiene todo el derecho a defenderse utilizando todos los resquicios del ordenamiento jurídico. Pero si trata de aceptar el título de “ultimo exiliado del franquismo” está haciendo sencillamente el ridículo.

Reino Unido: unas elecciones sigilosas pero intensas.

Nada que ver con las campañas electorales de España y de la mayoría de los países europeos: en el Reino Unido las calles están huérfanas de propaganda electoral y los actos políticos, los debates en televisión y las informaciones en prensa son el vehículo entre los partidos y los electores.
En víspera de la jornada electoral, los resultados están apasionadamente abiertos, con una pequeña mayoría a favor del partido conservador pero con algunas circunstancias que podrían favorecer la recuperación del voto laborista. recomiendo el análisis que publiacaba ayer Carlos Carnicero Urabayen (que además de un excelente analista, es mi hijo) en El Periódico de Catalunya. La eclosión de los demócratas liberales hace de estas elecciones algo inédito en donde se puede romper el tradicional bipartidismo y no dar un claro resultado de mayoría absoluta. Esta noche, tarde, sabremos lo que ha pasado con el New Labour de Blair y Brown.

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